Europa del este

Carlos Jeldres Venzano - noviembre 30, 2017

2 y 5. Polonia es el país número 25 en esta aventura alrededor del mundo.
Entrando al país, por rutas llenas de verde y pocos autos, me impuse como meta alcanzar la capital, Varsovia, en solo 3 días. Con poco más de 400 kilómetros desde Vilnius y 300 desde la frontera, la tarea parecía realizable. Solo el viento me jugaba en contra.
Esos días, a pesar de que en el papel se veían como un pedaleo fácil, no los disfruté tanto. En parte por lo peligroso que resultó este país para pedalear al meterme cerca de las carreteras, única forma de llegar a Varsovia luego de entrar al país, pero sobretodo por el hecho que me había acostumbrado nuevamente a la vida en la ciudad. La parada en Rusia, al contrario de volver a encantarme con la bicicleta, me hizo perder mucho estado físico. Cada día de 100 kilómetros a más, una tortura luchando contra el viento. Por si fuera poco, volví a romper una de las varillas de la carpa, teniendo que dormir con un arreglo artesanal para que resistiera.

El día que iba a llegar a Varsovia, a solo algunos kilómetros, se me rompe la cadena en mitad de una carretera en pleno arreglo. No quise hacerme la pregunta de si "¿puede salir algo más mal?", ya que siempre que me la hago...algo peor ocurre.
Estaba al lado del camino donde era imposible para algún auto parar, no había berma.
Luego de un buen rato parado me habla un trabajador de una contrucción, algo de tristeza debo haberle dado. Me dice que en la construcción hay un camión que me puede llevar a alguna parte, que ahí parado no iba a salir nunca.
Me subo yo, Libertad y un camionero bielorruso era quien nos iba a llegar, que nada de inglés hablaba. Me lleva a..."alguna parte". Mientras venía en mi GPS que cada vez más me alejaba de Varsovia, me dice algo que en gestos era un "hasta acá llegamos". Y me deja en una bencinera. Ahora no a un par de horas de Varsovia, sino a 2 días de pedaleo. Y tenía que llegar sí o sí esa noche.
Pedía ayuda a cada camionero que pasaba, pero nadie iba para Varsovia. Mientras estaba sentado esperando que todo se arreglara por milagro, se detiene un bus a cargar gasolina. Corriendo parto y les explico la situación. Me podían llevar gratis a mi y a Libertad, pero el problema, es que iban todavía más lejos. De hecho, iba para Bielorrusia.
Parece fácil en un mundo de gente haciendo "dedo" (autostop), pero cuando se trata de llevar una bicicleta arriba, con 4 bolsos de equipaje, mis opciones se reducen a algunos pocos milagros.
Una de las paradas era Bialistok, a solo 30 kilómetros de Bielorrusia. Ciudad relativamente grande en el camino, ahí podía intentar conseguir a alguien más fácilmente que llegara a Varsovia. Y lo conseguí.
Así, cuando me quedaban apenas unos 30 kilómetros para llegar a la capita, tuve que recorrer casi de punta a punta el país en solo un día.





Vistas de Varsovia
Varsovia. Una de las capitales que tenía que visitar sí o sí. Haciendo vida normal de turista me quedé por 4 días en la ciudad, con Libertad en el mejor taller mecánico de ka ciudad. Cuando la fui a dejar, el tipo me miró y me preguntó como era posible que tuviera tan destrozada la bicicleta, si acaso no le guardaba un poco de cariño. No me iba a desgastar en dar explicaciones, pero a pesar de lo poco agradables que fueron y el hecho que arreglarla saliera casi la mitad de lo que cuesta nueva, Libertad quedó como recién salida de fábrica, lista para seguir cruzando Europa.

Mientras turisteaba por Polonia, con Libertad aun siendo arreglada, fui a conocer un punto que simplemente no podía perderme en el sur de Polonia, el campo de concentración de Auschwitz.
Estaba fuera de ruta, ya que planeaba moverme hacia el oeste, Berlín, Bélgica, Holanda, etc. Tomé un tren por el día hacia Crackovia y...perdí la conexión con Auschwitz, quedando varado en Crackovia.
Mientras mascaba la rabia, por esas coincidencias de la vida, me encuentro nuevamente con Nándor, el ciclista rumano con quién compartí kilómetros en Lituania.
Mientras conversábamos, me sinceré con él:
    -"Nándor. Me tiene algo aburrido Polonia. Quizás Europa. Creo que me quiero ir de acá" - Le comenté con algo de frustración por el hecho de tener que volver a Varsovia, perderme la visita a Auschwitz, y tener que volver a pedalear caminos planos, aburridos y peligrosos hacia Alemania.
    -"Yo en tu lugar me traería la bicicleta y me iría de acá. Tienes el mundo para descubrir todavía"
    -"Lo he pensado, pero me sentiría culpable de saltarme estos 200 kilómetros, por muy aburridos que sean"
    -"Cuántos llevas en total?"
    -"Casi 20.000 kms".
    -"No seas ridículo, sigue pedaleando desde acá".
Luego de pensarlo bastante, no podía dejar de visitar un lugar tan importante como Auschwitz, por lo que decidí seguir pedaleando desde el sur. Además, lo que finalmente gatilló mi decisión es que me estaba quedando sin días de visa en Europa. Cambié mi ruta, me iba a saltar Inglaterra, Francia, Holanda y Bélgica, a cambio de Suiza (y los alpes), Italia y atravesar los Balcanes. Viendo hacia atrás, fue una de las decisiones más acertadas que tomé durante el viaje.

Cracovia
Luego de traerme la bicicleta a Cracovia, debo reconocer que las tres veces que llegado así a una ciudad (la otra fue en Tulúm en México, con el eje roto y en Nueva York, en ferry desde la costa de Nueva Jersey para evitar el salvaje tráfico) no siento la misma alegría que al llegar pedaleando, transpirado, sucio y evitando las entradas a las capitales, que por lo general son muy poco amables con la bicicleta. Por ese motivo me propuse una meta para compensar, llegar a la frontera tripartita entre Polonia, Eslovaquia y la República Checa. El punto donde se juntan tres países.
Esos días de pedaleo fueron bastante movidos y nuevamente me reencanté con mi amor, con Libertad.
Pedaleando hacia Auschwitz alcancé los 20.000 kilómetros de pedaleo, sin embargo la metan eran los 20.038 kms. ¿Por qué un número tan al azar? Porque resulta que el Ecuador, la línea más grande que se puede realizar en la tierra tiene 40.075 kms, es decir estaba a pasos de alcanzar el equivalente a darle la mitad de la vuelta al planeta tierra.
Camino a Auschwitz, al alcanzar los 20.038 kms. y luego de 450 días de viaje, me detengo en los árboles de Polonia y me pongo a pensar en ese lejano día 1, cuando recién iba saliendo de mi Chillán, y los 40.000 kilómetros que me quedaban hacia adelante por pedalear. Como me decía a mí mismo "¡en que te estás metiendo Carlitos!" pero ahora, ya la mitad de la tarea estaba hecha. Como ese "dar la vuelta al mundo en bicicleta", del que mucha gente se moría de risa cuando lo decía y del que incluso yo a veces lo veía como tan lejano e inalcanzable, estaba a mitad de ser cumplido. Unos de minutos de reflexión antes de seguir con la otra mitad del mundo.

Luego de un par de horas de pedaleo, llegué a Auschwitz. Un lugar que conmueve y que más allá de las típicas consideraciones obvias, lo desgraciado que puede llegar a ser el humano bajo ciertas circunstancias, me puso a pensar en como una (mala) clase política puede, el promover el odio y principalmente el miedo, pueden llegar a termina como acá, un tema tan en boga en esta etapa de la historia que nos encontramos.





Auschwitz
Pasado Auschwitz y a kilómetros de la anhelada trifrontera, me doy cuenta que el punto que buscaba ¡está en medio de la nada! Tuve que pedalear entre árboles, ríos, senderos y montañas. Me tomó dos días llegar, pero lo logré. Buscando con el GPS el punto exacto me demoré un par de minutos. Claro, no estaba a simple vista. Mirando hacia abajo del río que separa Polonia de Eslovaquia veo un monolito de 3 puntas. Ahí estaba. La anhelada trifrontera, que hace unos 25 años no existía ya que Eslovaquia y la República Checa eran un solo país.
Bajando con cuidado, mientras unos eslovacos al otro lado del río me preguntaban si estaba seguro de lo que estaba haciendo, me encontré en los 3 países al mismo tiempo.
Antes de seguir pedaleando hacia Eslovaquia tuve que hacer una parada obligada en la República Checa, la excusa perfecta para probar la famosa cerveza del país y pedalear un poco por sus bosques.
Con hermosas vistas aun en el lado de Polonia...
..cruzando ríos y senderos...
...encontré el monolito...
...la trifrontera. Polonia, Eslovaquia y la República Checa.

Luego de mi corto paso por la República Checa, entré a la otra parte de la ex Checoslovaquia: Eslovaquia, un país que no tenía contemplado en el plan original (aunque haciendo la matemática, son cada vez más y más los países que no tenía en la ruta original). Un pedaleo relativamente tranquilo, donde a pesar de un poco de montañas en la entrada del país, me toco bastante plano alcanzando así velocidades récords y su capital Bratislava en dos días y medio.


Rumbo a Bratislava.
A pesar de encontrar paisajes relativamente lindos y hacer una parada de unos cuantos días en su capital, el país no me llamó mucho más allá la atención. Quizás si hubiera sido el primer país de Europa del Este, lo hubiera amado. Arquitectura hermosa en su capital, pero era más de lo mismo de los países anteriores. Los eslovacos me comentaban que lo más lindo del país, la naturaleza, está en su parte oriental, junto a sus sus montañas. Además, un punto que le doy suma importancia en mi amor a los países, es a la comida y la verdad tampoco me gustó mucho.
Acá conocí a Simona, eslovaca, quién me llevó a recorrer su capital. Sería injusto no hacer mención a lo amable de la gente en este país, en particular a Simona quién me hizo sentir muy en casa en el país y me hizo probar los tragos típicos de Bratislava.






Mientras descansaba las maltratadas piernas en Bratislava, además de leer de la historia del país veía como en el mapa Hungría estaba apenas a algunos kilómetros. Bratislava es la única capital del mundo con una frontera tripartita, bordeando con Hungría y Austria. Me plantié ir a visitarla pero necesitaba una razón que lo justificara. La razón que encontré fue la comida. El Gulash húngaro. Decepcionado por la comida eslovaca encontré la excusa perfecta para visitar Hungría, el país 25 del viaje.




La trifrontera. ¡Otra más!
Las antiguas aduanas entre países europeos. Hoy en día, con las fronteras abiertas, solo quedan las ruinas de esos edificios.

Rajka
Mi (no tan rico) Gulash Húngaro
La trifrontera la encontré metida entre campos de trigo y pasajes de tierra, con rastros de las antiguas cercas y aduanas que separaban a ambos países, hoy en desuso.
Luego del paso por la trifrontera me metí de lleno a Hungría, a alcanzar mi Gulash. Lo encontré en la ciudad de Rajka, al norte de Hungría. Lamentablemente fue una de las decepciones más grandes en lo que va de viaje. Si hay algo que no tendré un especial recuerdo de esta parte del mundo es de la comida.
Al armar las maletas para partir al día siguiente rumbo a Austria, veo por la frontera con Eslovaquia las barricadas militares esparcidas a lo largo del a frontera. Eran parte de la cortina de hierro, probablemente la frontera más importantes de la segunda mitad del siglo pasado. Estaba saliendo de Europa del Este.


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