¡Mzungu!

Carlos Jeldres Venzano - julio 29, 2018




Terminé el desvío que fue la Península Arábiga y tenía que retomar la ruta original, Africa. Lo hice en Kenia, el siguiente país en el que podía entrar libremente.
Fue imposible encontrar un barco hacia el puerto de Mombasa, en la costa índica de Kenia. No me quedó más remedio que usar la que siempre es mi última opción, el avión. No solo por lo poco ecológico que es, sino porque una de las cosas más lindas de explorar el mundo en bicicleta, o como lo hacían antiguamente los exploradores, a caballo/camello, a pie o mediante largos viajes en barcos, es que el viajero va apreciando las lentas transiciones entre culturas y colores. Climas y precios. Idiomas y religiones.
Sin embargo, el llegar casi súbitamente de un lugar el mundo a otro, tiene la ventaja de apreciar de mejor manera lo particular de un lugar. Al evitar la transición, se notan los contrastes mucho más nítidamente. Y qué lugar más particular para encontrar contrastes que el corazón de África.

I finished the detour in the Arabian Peninsula and had to return to the original route: Africa. I did it in Kenya, the next country where I could freely enter.
It was impossible to find a ship to the port of Mombasa, on the Indian coast of Kenya. I had no choice but to use the one that is always my last option, the plane. Not only because it is not very ecological, but because one of the most beautiful things to explore the world by bicycle, or as explorers used to do, on horseback /camels, on foot or by long boat trips, is that the traveler appreciates the slow transitions between cultures and colors. Climates and prices. Languages and religions.
However, arriving almost suddenly from one place to another of the world has the advantage of better appreciating the particularity of a place. By avoiding the transition, contrasts are noticed much more clearly. And, is there any more particular place to find contrasts than the heart of Africa?
Hola Kenia!
A pesar que ya había recorrido parte del norte de África, ellos, no solo egipcios, sino que argelinos, marroquíes, libios o tunecinos, no se sienten africanos, sino que se sienten parte de la cultura transcontinental que atraviesa al mundo árabe. Se dicen árabes. jamás africanos. Marruecos por ejemplo tiene mucho más en común con Arabia Saudita, geográficamente en otro continente, que con sus vecinos africanos del sur.
Personalmente, tampoco sentí el norte del continente como la imagen que se viene a la mente cuando a uno le dicen “África”. No fueron pocas las veces que mis amigos egipcios me decían “¡Cuéntanos como es África!”, que me recordó las veces que los rusos en San Petersburgo me comentaban de las ganas que tenían de “visitar o conocer Europa”. Son esos casos donde la geografía no es nada más que una anécdota y donde los lazos culturales no necesariamente están ligados al trozo de tierra que se comparte.
Por este motivo, apenas llegué a Nairobi, mi primera parada antes de comenzar el pedaleo desde Mombasa, pude no decir sino sentir que finalmente estaba en África.

Although I had already cycled part of North Africa, they, not only Egyptians, but Algerians, Moroccans, Libyans and Tunisians, do not feel Africans, but part of the transcontinental culture that crosses the Arab world. They say they are Arabs. never Africans. Morocco, for example, has much more in common with Saudi Arabia, geographically located in another continent, than with its southern African neighbors.
Personally, I did not feel the north of the continent as the image that comes to mind when one hear "Africa". Many times that my Egyptian friends told me "Let us know how is Africa!", which reminded me of the times that the Russians in St. Petersburg told me about their desire to "visit or get to know Europe". These are cases where geography is nothing more than an anecdote and where cultural ties are not necessarily linked to the piece of land that is shared.
For this reason, as soon as I arrived in Nairobi, my first stop before starting pedaling from Mombasa, I could finally say: I´m in Africa.
Nairobi, fuera del centro, muestra esta cara. Calles sin pavimentar y una vista que se pierde entre tiendas que venden de todo.
Para hablar objetivamente de África, hay que sacarse de la cabeza la idealización o romanticismo que tiene gran parte de la gente que viene por voluntad propia a un destino tan caro como lejano, así como bajarse de ese altar que muchos occidentales, también por voluntad propia, se suben al juzgar con aires de superioridad lo que pasa en este continente. Para un lado o para el otro, cuesta hacerlo. Me di cuenta de esto solo luego de un par de semanas en el continente, teniendo que reprocesar todo luego de entender algunas cosas solo luego de conocer mejor su cultura.

En Kenia, en tan solo un par de horas en su capital pude ver tan fácilmente la explosión de contrastes que buscaba. Desde los más evidentes y esperables, como el color de su gente o su tierra roja, hasta los que no tenía considerados, como la amabilidad de su gente (con la policía de inmigraciones tratándome de “brother” y dándome consejos de vida), su falta de veredas o iluminación, en lo que parecía volver a imaginar las calles como lo eran en el resto del mundo quizás en los años 30 o 40.
Ya que no habían vuelos directos hacia Mombasa, decidí parar unos días en la capital antes de comenzar a pedalear en Mombasa.
Nairobi, contra todo pronóstico, parece ser una ciudad cara, que no se condice con el nivel de ingresos de un país que roza los 3.000 USD per cápita al año, alrededor de un décimo de Chile. Pero en pocos días descubrí que como en muchas partes, existen dos ciudades en una, una rica y una pobre. Acá sin embargo, las diferencias son abismales. Para mantener un estándar occidental, donde todo es importado, almorzando en un restaurant aceptable o viviendo en barrios resguardados por militares (donde me quedé cuando llegué apenas llegué). los precios se disparan a un nivel comparable a cualquier capital europea. Sin embargo, en la periferia, donde me quedé una vez que volví a Nairobi pedaleando, la vida cuesta muy poco.

To be objective when one talks about Africa, one must get rid of the idealization or romanticism that many people who come of their own will to a destination as expensive as distant has, and get off that artificial superior position that many Westerners, also willingly , rise to judge with superiority what happens in this continent. For one side or the other, it's hard to do it. It took me a couple of weeks after arriving here to realize about this, rewritting after processing over and over again, many of the stories here.

In Kenya, in just a couple of hours in his capital, I could see the explosion of contrasts I was looking for. From the most obvious and expected, such as the color of its people or its red soil, to certain things I had not considered, such as the kindness of its people (with immigration police treating me as a "brother" and giving me life advices), lack of sidewalks or lighting, in what seemed to reimagine the streets as they were in the rest of the world perhaps in the 30s or 40s.
Since there were no direct flights to Mombasa, I decided to stop for a few days in the capital before I started cycling in Mombasa.
Nairobi, surprisingly, seems to be an expensive city, which does not to correlate with the income level of a country that barely reaches USD 3,000 per capita per year, about one tenth of Chile. But in a few days I discovered that as in many places of the world, there are two cities in one, one rich and one poor. Here, however, the differences are abysmal. To maintain a Western standard, where everything is imported, having lunch in an acceptable restaurant or living in neighborhoods guarded by the military (where I stayed when I arrived as soon as I arrived). prices skyrocket to a level comparable to any European capital. However, on the periphery, where I stayed once I returned to Nairobi pedaling, life costs very little.






Vistas de Mombasa, en la costa del océano Índico
Views of Mombasa, on the Indian Ocean coast

Luego de terminar de conocer su capital, me fui con Libertad a la costa Índica, desde donde íbamos a retomar la ruta africana. Las piernas ya me pedían a gritos pedaleo, y tenía que darles en el gusto.
La ciudad de Mombasa no fue elegida al azar para comenzar, sino que responde a que buscaba sentir de alguna manera esa transición que buscaba. Esa transición entre mis últimos países árabes y Mombasa, viene dado por el hecho que Mombasa, como casi toda la costa del este de África, la religión predominante es la musulmana. Además, así podía cumplir con la meta de cruzar África, no de norte a sur ya que hubo dos países que no pude entrar, sino que uniendo los océanos Índico con Atlántico.
Era el día que empezaba el mundial de Rusia, el 14 de junio del 2018 y estaba todo listo para recomenzar a pedalear. O casi. Marci, la dueña del hostal donde me quedaba, al enterarse de mi travesía, se sentió responsable de darme la bendición antes de partir, ya que mi mamá no estaba presente para hacerlo. A pesar de decirle de todas las formas posibles que no creía en su dios ni en ninguno, la relación con la religión es tan o más fuerte que en los países árabes. Me tomó las manos y me hizo rezar junto a ella, algo que no hacía desde unos 10 años o más. Como más tarde me comentaría Michela, una chica italiana que conocí y con quien luego hicimos una muy linda amistad, el tema de la religión es tan fuerte que es mejor no decir cuando uno no es creyente, ya que la forma en que te miran o tratan es totalmente distinta.

After I finished exploring its capital, I went with Libertad to the Indian coast, from where we were going to resume the African route. My legs were already asking me for some pedaling, and I had to give them pleasure.
The city of Mombasa was not chosen at random to begin with, but responds to the fact that I was looking for a that transition between my lasts countries. That transition between my last Arab countries and Mombasa, is given by the fact that in Mombasa, like almost the entire East African coast, the predominant religion is Muslim. In addition, doing this I could still reach the goal of crossing Africa, not from north to south since there were two countries that I could not enter, but linking the Indian ocean with the Atlantic.
It was the day that started the Russian World Cup on June 14, 2018 and I was ready to start pedaling again. Or almost. When Marci, the owner of the hostel where I stayed, knew about my trip, felt responsible of giving me the blessing before leaving, since my mom was not there to do it. Despite telling her in all possible ways that I did not believe in his god or any, the relation with religion is as or stronger than in Arab countries. She took my hands and made me pray with her, something I had not done for 10 years or more. As Michela would later tell me, an Italian girl I met and with whom we then made a very nice friendship, the religion here is so strong that it is better not to say when one is not a believer, because the way they look at you or treat you is totally different.

La ruta para cruzar Kenia. Desde la costa (Mombasa), hasta Uganda, en el oeste.
Al día siguiente, por fin pedaleo. El primer objetivo que tenía a mano era alcanzar el Kilimanjaro, el monte más grande de África. No solo por verlo, sino debido a que iba a entrar en villas o caseríos donde pocos turistas pasan.
El primer día de pedaleo fue el que más me marcó. Pude ver por fin el Kenia real, fuera de sus ciudades grandes. Poblados llenos de africanos que al paso me gritaban dándome ánimo y niños corriendo intentando alcanzarme en la bicicleta. Donde fuese que parase, me llenaba de curiosos. Adultos guardando distancia y niños que poco le importaban las formas y se agolpaban contra mi y Libertad.
Tenía miedo de acampar por los animales, pero en África hay "guest houses", que son casas acondicionadas con piezas a precios bajos. Muy bajos. Esa noche pagué la pieza más barata que he pagado en todo el viaje: 2.5 dólares (y era la más cara).

The next day, I finally started biking. The first objective I had on hand was to reach Kilimanjaro, the tallest mountain in Africa. Not only to see it, but because it was going to enter villas or towns where few tourists go.
The first day of pedaling was the one that marked me the most. I could finally see the real Kenya, outside of its big cities. Villages with Africans whom shouted to me giving me support and children running trying to chase the bike. Wherever I stopped, lots of curious stares surrounded me. Adults keeping distance and children who cared little about the rules and crowded against me and Libertad.
I was afraid to camp outside due to the animals, but in Africa there are Guest houses, at low prices. Very low. That night I paid the cheapest priece I´ve paid in the entire trip: 2.5 dollars (and it was the most expensive).
2.5 dólares. Ok, no es una mansión, pero sigue siendo la pieza más barata que he pagado en estos ya 2 años de viaje.
2.5 dollars. Ok, it's not a mansion, but it's still the cheapest piece I have paid in these two years of traveling.
En solo dos días de pedaleo, me tocó vivir una de las anécdotas más desagradables del viaje. Compraba una sandía (50 shillings o 0.5 dólares). Le di al vendedor 1000 shillings. Él no tenía cambio a mano y fue a alguna parte a buscar. Me quedé esperando el vuelto y cuando volvió me dijo que yo no le he pasado ningún billete.
Enojado, me fui a reclamarle al jefe, y este corriendo va donde el pobre tipo que me quería engañar y lo empieza a patear como si fuera un animal, gritándole algo en Swahilli que por supuesto yo no entendía. A los 10 segundos, mientras le decía que lo soltara, que eran solo 10 dólares, pasa una camioneta con gente de la población. "Acá se acaba la pateadura" - pensé. Pero luego de -imagino - explicarles lo que pasó a los tipos de la camioneta, se suman todos a patear al pobre tipo hasta que suelta el dinero.
Acá descubriría luego, se mezclan dos cosas. La poca tolerancia con los ladrones, especialmente con extranjeros (más que mal, es una de las principales fuentes de ingresos del país) y la insana relación con el dinero que se da en Kenia. No vi esto último en ningún otro país.

In just two days of cycling, I experienced one of the most unpleasant anecdotes of the trip. I bought a watermelon (50 shillings or 0.5 dollars). I gave the seller 1000 shillings since i had no small bills, but he also didn´t, so he went somewhere to get some change. I waited for the change and when he came back after 10 minutes, he told me that I did not give him any bill.
Upset, I went to complain to his boss, and the boss started running towards the poor guy who wanted to cheat me and starts kicking him like an animal, screaming something in Swahilli that of course I couldn't get. After 10 seconds, while telling him to let go, that they were only 10 USD, a van passes with people from the town nearby. "Here the beating is over" - I thought. But after the boss explained the the guys in the van what happened, they all join to kick the poor guy until he reveals where was the money.
Here I would discover later, two things are mixed. The little tolerance with the thieves (specially with foreigners) and the insane relation with the money that is given in Kenya. I did not see this last in any other country.
Un gran problema que iba a enfrentar en resto de África. Manejan horrible y la cantidad de accidentes que hay, sumado al caos de tráfico en las capitales, lo hacen uno de los lugares menos seguros para pedalear que me ha tocado.
A big problem I was going to face in the rest of Africa. They drive terrible and the amount of accidents that there are, added to the chaos of traffic in the capitals, make it one of the least safe places to bike in the whole trip.

Tsavo National Park


Dejado el mal rato atrás y siguiendo mi ruta al Kilimanjaro, en el camino me enuentro un parque nacional. No me quedó otra opción que intentar cruzarlo.
Acá, cuando se habla de "parques nacionales", no es como en América o Europa, donde hay flora, paisajes y uno que otro animal inofensivo. Acá hay todo eso, pero con leones, elefantes y otros animales que pueden matarte en medio minuto. Iba a ser una especie de Safari gratis, pero en una bicicleta, no en una 4x4.
Los militares me dejaron continuar, pero adviertiéndome que tuviera mucho cuidado, en especial con los leones y elefantes. Fresco tenía el recuerdo de un ciclista que también está recorriendo África, que en su paso por Zambia fue atacado por elefantes. Si bien pudo escapar sano y salvo, la bicicleta la dejó como carnada para salvar su vida y terminó completamente destruida.
Mientras se cruzaban cebras, monos y otros animales, tenía los 5 sentidos puestos, hacia los lados, adelante y atrás, para en caso de divisar a uno de ellos, deternerme.
A solo 10 kms de salir del parque, y cuando al atardecer ya venía, veo a la distancia una gran mancha café. Pensé que era un elefante. Pero no, eran tres. Gracias a la vida que no me vieron, son terriblemente agresivos y hace unos días mataron a un tipo que pasó en auto según me contó el militar que resguardaba la salida del parque.
Me tuve que devolver sigilosamente esperando que pasara un camión o una 4x4. Muerto de susto, a los aprox. 400 metros de distancia que mantenía, pasaba una camioneta y le hago señales de que por favor pare. Ellos, locales, igual estaban impresionados, no es muy común encontrárselos justo al lado de la carretera. Me subieron la bicicleta arriba, y me alejaron del peligro.

After the bad experience wasleft behind and following my route to Kilimanjaro, on the way I found a national park. I had no choice but to try to cross it.
Here, when one speaks of "national parks", it is not like in America or Europe, where there are flora, landscapes and a few harmless animal. Here there is all that, but with lions, elephants and other animals that can kill you in half a minute. It was going to be a kind of "Free Safari", but on a bike, not a 4x4.
The military let me continue, but warned me to be very careful, especially with lions and elephants. I still had the memory of a cyclist who is also traveling through Africa, who was attacked by elephants in Zambia. While he was able to escape safely, he let the bicycle as bait to save his life and ended up completely destroyed.
While crossing zebras, monkeys and other animals, I had my 5 senses placed, to the sides, back and forth, in case of spotting one of them, stop me.
I was only 10 km away from the end of the park, and when it was late in the evening, I see a large brown spot at a distance. I thought it was an elephant. But no, there were three. Thanks god they did not see me, they are terribly aggressive and a few days ago they killed a guy who drove by car, according to the military man who was guarding the exit from the park.
I had to return quietly waiting for a truck or a 4x4 to pass. Scared to death, at approx. 400 meters away, a truck passed and I signal him to please stop. They, locals, were impressed, it is not very common to find them right next to the road. They lifted my bike up and away from danger.

 Este es el punto donde empieza Tanzania. Sin señales ni controles
This is the point where Tanzania starts. Without signs or checkpoints
Pedaleaba hacia la ciudad de Oloitokitok , en el extremo sur de Kenia. Entre caminos irregulares de tierra por el desnivel producido al punto más alto del continente y gritos de "¡Mzungu! ¡Mzungu!" (luego me enteraría qué significaba esto) el GPS me indica que estoy solo a metros de Tanzania. Me fue imposible no acercarme a la frontera para ver si había alguna reja, guardia o cartel indicando la entrada a un nuevo país. A pasos de la frontera me encuentro a unos agricultores. Me indican que eran de Tanzania. Era la misma tribu a un lado y otro de la frontera. No había absolutamente ninguna señalización indicando un país u otro.
Estas, como descubrí, son las fronteras más "mentirosas" del mundo. Los europeos, al repartirse las colonias a fines del siglo XIX, trazaron las fronteras casi a dedo, obviando las tremendas diferencias entre su población, haciendo calzar tribus enemigas y aliadas dentro del mismo territorio o dividiéndolas a su antojo. Por este motivo, la frontera acá no es más que una simple línea imaginaria (a pesar de los esfuerzos de los gobiernos por crear una identidad nacional), con ambos lados de la frontera pertenecientes a la misma tribu. Así, estaba en Tanzania sin timbres ni sellos en el pasaporte.
Luego de adentrarme ilegalmente a este país, decidí devolverme a Kenia frente al riesgo de ser detectado, no quería ni imaginar que pasaría en el caso de ser controlado. Ya en Nairobi había vivido en carne propia uno de los grandes cánceres de este país, la corrupción. Para mi cumpleaños 31, que pasé en Nairobi, un amigo colombiano que iba conmigo tiene la mala idea de hacerle una pregunta a un policía. Este lo detiene sin mediar provocación, argumentando que estaba en estado de ebriedad por llevar una cerveza en la mano (doy fe que no lo estaba, ni siquiera cerca), le pone las esposas y lo amenaza con llevarlo a la comisaría. Le digo al policía que por ningún motivo le daríamos un soborno y convenzo a mi amigo de llamar a su consulado (todo en inglés para que el policía entendiera). Me toma el teléfono y amenaza con golpearme si seguía. No quedó otra opción más que darle 10 dólares, con lo que se hizo el día. Como me enteraría más tarde, la corrupción en Tanzania es igual o peor a la que hay en Kenia, y en caso de haberme tocado un control, los policías se hubieran hecho no el día, sino que el mes conmigo.

I was cycling towards the city of Oloitokitok, in the south of Kenya. Between hilly dirt roads by the unevenness produced to the highest point of the continent and people screaming "Mzungu! Mzungu!" (later I would find out what this meant) the GPS tells me that I am only meters away from Tanzania. It was impossible for me not to go to the border to see if there was a fence, guard or sign indicating the entrance to a new country. A few steps from the border I found some farmers. They told me they were from Tanzania. It was the same tribe on either side of the border. There was absolutely no signaling indicating one country or another.

These, as I discovered, are the most "fake" borders of the world. The Europeans, when dividing the colonies at the end of the nineteenth century, traced the boundaries almost randomly, obviating the tremendous differences among its population, making fit enemies and allied tribes within the same territory or dividing them at will. For this reason, the border here is nothing more than a simple imaginary line (despite the efforts of governments to create a national identity), with both sides of the border belonging to the same tribe. So, I was in Tanzania without stamps or marks in my passport.

After illegally entering this country, I decided to return to Kenya due to the risk of being detected, I did not even want to imagine what would happen in the case of being controlled. When I was in Nairobi I experienced firsthand one of the great cancers of this country, the corruption. For my 31st birthday, which I spent in Nairobi, a Colombian friend who was with me had the bad idea of ​​asking a policeman a question. He stops him without provocation, arguing that he was in a drunken state because he had a beer in his hand (I attest that he was not. Not even close), he put the handcuffs on him and threatenth to take him to the police station. I told the policeman that for no reason we would give him a bribe and convinced my friend to call his consulate (everything in English so that the policeman could understand). He took my phone and threatened to hit me if I continued. There was no other option but to give him 10 dollars. Not much for a foreigner, but a lot for a not well paid policeman of Kenya. As I found out later, the corruption in Tanzania is equal to or worse than the one in Kenya, and if I had been controlled by a police, only god knows what would have happened.



Una de las cosas que más disfruto viajando, es probar la comida local. Sin embargo, encontré que la comida en Kenia en general deja bastante que desear. La carne pasa a ser un bien escaso, y en las aldeas remotas donde me encontraba, inexistente. Todo es en base a carbohidratos con carbohidratos; platos de papas con arroz, o ugali, que es una mezcla de harina de maíz con agua, insípida, pero casi un orgulloso nacional para los keniatas, imposible de criticarlo frente a ellos.
A punto de alcanzar el techo de África mientras descansaba las piernas, me llevaba a la boca unas galletas energéticas que había traído desde Nairobi, habiendo previsto que acá no iba a encontrar comida adecuada.
Mientras me las comía, un niño de unos 7 años me queda mirando. En el África subsahariana te pueden quedar mirando por largos minutos sin decir una sola palabra, en especial en las aldeas como esa, donde yo era el único blanco en kilómetros a la redonda. Lo miro ofreciéndole las dos últimas que me quedaban. A su corta edad, podría apostar mi bicicleta a que jamás ha tenido la oportunidad de probar algo así. Basta decir que en las estanterías de los pueblos no hay más allá de 10 variedades de productos. Lo básico para sobrevivir. ¿Chocolate? Ni hablar, probablemente el más cercano estaba a varias horas en auto.
Se acerca con una sonrisa, y en vez de llevárselo a la boca en menos de lo que dura un pestañeo, parte corriendo donde el que supongo era su hermano mayor, a unos varios metros de distancia y le da una de las dos galletas. Al rato, ambos con las galletas, corriendo felices con el juguete favorito de acá, haciendo girar ruedas usadas de motos con un palo.
No fue un hecho aislado. El colectivismo, como me iluminaría más tarde el libro Ébano, de Kapuscinski (lo que ha sido mi especie de biblia para entender mejor este continente) está en el ADN del africano, a diferencia del individualismo dominante que hay en occidente.
Esto, que si bien suena hermoso (y en parte lo es, la ayuda entre ellos, sobretodo familiares), tiene la desventaja que se usa mucho para abusar del "compartir". Entre ellos y sobretodo con los blancos.
Una de las tantas anécdotas que me tocó fue cuando le dije a un local, intentando hacer amigos, que fuéramos por unas cervezas. Al rato, veo que llega con varios amigos, y sin darme cuenta pidieron los tragos más caros. Venían sin dinero, por lo que tuve que pagar una de las cuentas más grandes de todo el viaje. "Quien da la idea de salir paga, acá compartimos todo. Sobretodo si eres blanco y tienes dinero" - Me dijeron. Anécdotas similares a todos los extranjeros que andan por acá, la que es casi una especie de "bienvenida".

One of the things I enjoy the most when traveling is to try the local food. However, I found that the food in Kenya in general is even a bit less than acceptable. Meat becomes a scarce commodity, and in the remote villages where I was, nonexistent. Everything is based on carbohydrates with carbohydrates; plates of potatoes with rice, or ugali, which is a mixture of maize flour with water, insipid, but almost a national pride for the Kenyans, impossible to criticize in front of them.
About to reach the roof of Africa and while resting my legs, I was having some energy biscuits that I had brought from Nairobi, having foreseen that I would not find adequate food here.
While I was eating them, a boy of about 7 years old looks at me. In sub-Saharan Africa, they can watch you for endless minutes without saying single a word, especially in villages where white people are unexsisting. I look at him offering him the last two that I had left. At his young age, I could bet my bike that he has never had the opportunity to try something like that. On the shelves of the local "markets" in these towns there are no more than 10 varieties of products. The basics to survive. Chocolate? Of course no; there was not a single one in hundreds of kilometers around.
He approached to me with a smile, and instead of taking them to his mouth in less than a blink lasts, he starts running where the one I suppose was his elder brother, several meters away and gave him one of the two cookies. After a while, both with the cookies, running happy with the favorite toy here, spinning used motorcycle wheels with a stick.
It was not an isolated event. Collectivism, as I would later be illuminated the book Ebony, by Kapuscinski (what has been my kind of bible to better understand this continent) is in the DNA of the African, unlike the dominant individualism that exists in the West.
This, although it sounds beautiful (and in part it is, the help between them, especially within the family), has the disadvantage that is used a lot to abuse of the "sharing". Among them and specially all with whites.

One of the many anecdotes I had was when I told a local, trying to make friends, to go for some beers. After a while, I saw that he arrives with several friends, and without me realizing it, they asked for the most expensive drinks. They came without money, so I had to pay one of the largest bills of the entire trip. "Who gives the idea of go out pays, here we share everything, especially if you are white and have money" - I was told. I heard similar anecdotes to many foreigners who are around here, which is a kind of "welcome".


Rumbo al Kilimanjaro
Luego de 4 días de pedaleo, alcancé el Kilimanjaro, el techo de África. Para mi mala suerte, estaba nublado y no pude apreciar en su totalidad el monstruo que se emerge sobre Tanzania. Sin embargo, era lo de menos con las increíbles experiencias que tuve en el pedaleo acá, compartiendo con la gente local, entendí una vez más que lo importante no es la meta, sino el camino.

After 4 days of bike, I reached Kilimanjaro, the roof of Africa. Unfortunately, it was cloudy and I could not fully appreciate the monster that emerges over Tanzania. However, it was not really important in comparison with the incredible experiences that I found in the cycling here, sharing with the local people. I understood once again that the important thing is not the final goal, but the road you take.
En Kilimanjaro. Lamentablemente me tocó un día nublado y no lo pude apreciar en su totalidad.

En las afueras de Nairobi.
De vuelta a Nairobi, está vez ya pedaleando por los suburbios de la ciudad, la pobreza, sus olores penetrantes y suciedad la pude sentir como en pocos lugares en los que estuve antes. Los gritos de "¡Mzungu!" se multiplicaban y me empezaba a comer la curiosidad.
"¿Qué significaba Mzungu?" Pregunté muchas veces. La mayoría se negó a responder, mientras que otros simplemente se rieron y dijeron que significa "¿cómo estás?".
Más tarde, descubro que es como llaman a los blancos que pasan. Se puede usar como una buena forma de referirse a alguien, para insultar o burlarse de alguien.

Back in Nairobi, biking through the suburbs of the city I found the poverty, its penetrating smells and dirty like in few places I was before. The screams of "¡Mzungu!" were multiplied by ten.
"What did Mzungu mean?" I asked many times. Most refused to answer, while others simply laughed and said it means "how are you?".
Later, I discover that it is what they call white people who pass by. It can be used as a good way to refer to someone, to insult or make fun of someone.

Decidí quedarme esta vez fuera del área de Mzungus, sino en el verdadero Nairobi. A diferencia de la primera vez, donde me quedé en el área de blancos, con guardias privados y alejado de la gente, ahora pude vivir realmente la ciudad. Donde a partir de las 7 de la tarde el sol se pone y la ciudad, que se cubre de penumbras debido a su falta de luz artificial, es otra. Donde a diferencia de la primera vez, los "Mzungu!" mientras andaba en la calle eran cosa de cada 5 minutos. Esta vez, a pesar de quedarme menos tiempo que cuando apenas llegué, disfruté la ciudad como no pude hacerlo antes.
Desde ese momento, decidí jamás volver a quedarme en las áreas residenciales en África, alejado de la verdadera ciudad. Me prometí caer por primera y única vez en ese error. Estaba haciendo lo mismo que, principalmente europeos que no por error, sino por voluntad propia, vienen por una semana a este hermoso lugar del mundo a encerrarse en un hotel, a ir a un safari y jactarse de conocer África; una cultura tan compleja y alejada de la mía, que creo que a pesar del año que voy a pasar en esta tierra, me va a ser díficil comprenderla del todo.

I decided to stay out of the Mzungu area this time, but in the real Nairobi. Unlike the first time, where I stayed in the area of white people, with private guards and away from the kenyans, now I could really feel like living the city. Where from 7 o'clock in the afternoon the sun sets and the city, in the darkenss of a place without street lights, is totally different. Where, unlike the first time, the "Mzungu!" while I was walking in the street was something of every 5 minutes. This time, despite staying less time than the first time, I enjoyed the city as I didn´t to it before.
From that moment, I decided never to stay in the residential areas in Africa, away from the real city. I promised myself to commic for the first and only time that error. I was doing the same thing that, mainly Europeans who, not by mistake, but of their own free will, do then come for a week to this beautiful place of the world to lock themselves in a hotel, go on a safari and boast everyone of knowing Africa; a culture so complex and far from mine, which I believe in spite of the year that I will spend here, it will be difficult for me to fully understand it.

Nakuru

Manuel, en Nakuru, ayudándome a llevar la bicicleta bajo la lluvia a su casa.
Habiendo redescubierto la ciudad, ahora desde adentro, no como un espectador, enfilé hacia el siguiente checkpoint, el Lago Victoria, el más grande de África y probablemente el más importante del continente.
Mientras volvía a la ruta, me tocó un día que me tuve que refugiar de la lluvia que cae como un muro de agua, en el exacto punto donde hace 15 minutos era un día normal de verano. Veía como las opciones de que se acabe el aguacero eran bien cercanas a cero. Mientras hacía una de las cosas que mejor hacen en esta parte del mundo, contemplar, me empieza a hablar Manuel, un chico local y quien me ofrece ayuda a encontrar un lugar para dormir. A poco de caminar me empieza a contar su historia. Era de la tribu más pequeña del país, los Rendille, con solo un par de decenas de miles en todo el país. Moría por saber más de su historia y mientras caminábamos, me ofrece quedarme en su casa. Una humilde habitación, pero con espacio en el piso suficiente para mi saco de dormir. Con él, en tan solo un par de horas de conversación aprendí tanto sobre las tribus del país y el cómo llega a ser tan o más importante que la propia nacionalidad, a pesar de los intentos del gobierno de eliminar las referencias a las tribus en pos de crear una única identidad nacional.

I rediscovered the city, now from inside, not as a spectator. It was time to chase my next checkpoint, the Lake Victoria, the largest in Africa and probably the most important on the continent.
Already on the road, there was a day that I had to take refuge from the rain that falls like a wall of water, at the exact point where 15 minutes ago was a normal summer day. I was contemplating how the options to keep biking or camp were close to zero. While I was doing one of the things that they do best in this part of the world, contemplate, Manuel, a local boy, started talking to me and offered me help to find a place to sleep. Shortly after walking he began to tell me a bit about him. He belong to the smallest tribe of Kenya, the Rendille, with only a couple of tens of thousands throughout the country. I was dying to know more about his story and while we were walking, he finally offered me to stay at his house. A humble room, but with enough floor space for my sleeping bag. With him, in just a day of conversation I learned so much about the tribes of the country and how that became as much or even more important than his own nationality, despite the government's attempts to eliminate references to the tribes in order to create a unique national identity.
Mientras pedaleaba por las montañas de Kenia, se ve el Gran Valle de Kenia en todo su esplendor
While cycling through the mountains of Kenya, I saw the magnificent Great Valley of Kenya


A pocos días de la frontera con Uganda y a punto de alcanzar el lago Victoria, pedaleaba por campos de caña de azúcar y decenas de pueblos que dependen de este cultivo. Llegué el 2 de julio del 2018 a mi primera ciudad grande en varios días. Enclavada en el extreño este del lago Victoria, se encontraba Kisumu. Necesitaba descansar un poco las piernas y juntar fuerzas.
En lo que fue la primera hora en la ciudad, me bajé a comprar algo para comer. Dejé confiado la bicicleta afuera, sin candado, de todas formas iba a estar "siempre" a mi vista y no iban a ser más de dos minutos.
En menos de 10 segundos, mientras me doy vuelta veo a un tipo que se alejaba cada vez más con Libertad. Sentí como si el corazón se me fuera a salir por la boca, quedé con esa imagen grabada a fuego en mi cabeza; he llegado a soñar con lo que fue esa fracción de segundo.
Siempre me he burlado de esa gente que está enamorada de sus autos o cosas materiales, y quizás caí en lo mismo. La diferencia sin embargo, es que Libertad poco valor material tiene mi. Es lo que representa. La persecución de mis sueños y libertad. Y aunque suene paradójico, algo material como mi bicicleta, me ha llevado a sentirme tan libremente desarraigado de lo material.
Había un desnivel de un par de metros hacia abajo (la cual es la razón por lo que dejé a Libertad a cierta distancia) pero los salté como si fuera un escalón a pesar de ser casi una escalera entera. No recuerdo haber corrido tan rápido en mi vida. Sumado al hecho que tenía la bicicleta cargada con todos mis bolsos y por esto el ladrón no pudo pedalear tan rápido. Lo alcancé luego de algunos metros persiguiéndolo. Atino a hacerlo perder el equilibrio y cae. La verdad, creo que nunca me vio venir. Me mira asustado, "I'm sorry" es lo único que me dice y sale corriendo. Si lo hubiera delatado frente al resto de la población, se hubiera producido prácticamente un linchamiento con ese pobre tipo. No me importaba nada más en ese momento la verdad. Libertad estaba de vuelta conmigo.
La gente se agolpa a preguntarme que había pasado y entre la rabia que me comía por dentro, solo les respondía que odiaba su país. Me arrepiento de haber dicho eso, pero en el contexto, el intento de robo solo fue la guinda de la torta de una serie de cosas desafortunadas que me pasaron en Kenia.
Me quedé descansando un par de días en la ciudad, junto al lago más grande de África y partí a Uganda. La verdad, ya me comían por dentro las ganas de salir del país.

Only few days away from the border with Uganda and about to reach Lake Victoria, biking next to sugarcane fields and dozens of villages that depend on this crop. I arrived on July 2, 2018, to the first big city in several days. Nailed on the east end of Lake Victoria, was Kisumu. I needed to rest my legs a little and gather strength.
In what was the first hour in the city, I stopped to buy something to eat. I left the bicycle confidently, unlocked, anyway it was going to be "always" in my sight and it would not be more than two minutes.
In less than 10 seconds, as I turn around, I see a guy biking away, every second a bit further, with my bike. I felt as if my heart were going to come out of my mouth, I'll have that image engraved in my head for a long while; I have even had nightmares of what that fraction of a second was.
I have always made fun of those people who are in love with their cars or material things, and perhaps I fell into the same. The difference, however, is that Libertad has little monetary value. It is what it represents. The pursuit of my dreams and freedom. And although it sounds paradoxical, something material like my bicycle, has led me to feel so freely uprooted from the material things.
There was a drop of a couple of meters down (which is the reason why I left Libertad at a distance) but I jumped it as if I were just a step despite being a considerable distance. I do not remember running so fast in my life. Added to the fact that I had the bike loaded with all my bags and because of this the thief could not pedal so fast. I reached him after a couple of meters of chasing him. I tried to make him lose his balance and he fell. Actually, I think he never saw me coming. He looked at me scared, "I'm sorry" is the only thing he said and ran away. If he had reported it to the rest of the people around, they would have lynched that poor guy. But I didn't care about anything. My bike was back with me. 
People crowded to ask me what had happened and due to the rage that burned me from inside, I just told them that I hated their country. One by one. I regret having said that, but in the context, the theft attempt was just the tip of the iceberg of a series of unfortunate things that Kenya gave me. 
I stayed for a couple of days in the city, next to the largest lake in Africa and I left for Uganda. The truth, I already needed badly to leave the country.
Rumbo a Uganda
Road to Uganda
Crucé la frontera con Uganda, y tal como me lo dijo Sam, un profesor estadounidense que conocí en Kisumu, las cosas iban a cambiar para mejor tan pronto cruzara la frontera con Uganda, apenas Libertad pusiera la primera rueda en el país. Pensé que lo decía por consolarme por los malos ratos vividos en Kenia, pero Uganda resultó, uno de los países que más me cautivó en lo que va de viaje.
I crossed the border with Uganda, and as Sam, an American professor I knew in Kisumu told me, things were going to change for the better as soon as I crossed the border with Uganda, as soon as Libertad put the first wheel in the country. I thought he was saying that trying to making me feel better because of the bad times I had lived in Kenya, but Uganda turned out to be one of the countries that most captivated me during the trip.
Hasta pronto Kenia. Uganda, mi país número #56
See you later Kenya! Uganda. My country #56
La sensación que me dejó Kenia, si pudiera describirla en una sola palabra, fue agridulce.
Si hubiera llegado a Kenia como lo he hecho con el 90% de países, luego de una suave transición de países vecinos hubiera sabido que esperar, no hubiera tenido el shock cultural que tuve y probablemente tendría únicamente buenos recuerdos, como las personas que conocí, locales como Alicia o Mzungus como Michela. Sin embargo, el cambio fue tan grande y repentino que me costó acostumbrarme a las grandes diferencias culturales, económicas y sociales.
Sin embargo, el tener una introducción tan fuerte y repentina a una cultura muy alejada de la mía, la agradezco en el alma.
África como pude ver en este primer mes y medio, tiene cosas muy buenas, pero también otras a las que me va a ser imposible acostumbrarme.
I left Kenya with a feeling, if I could describe it in one word, bittersweet.
If I had arrived in Kenya just like I have done with more than the 90% of countries, after a smooth transition from neighboring countries I would have known what to expect, I would not have had the cultural shock I had and I would probably have only good memories, like the people I met, locals like Alicia or Mzungus like Michela. However, the change was so big and sudden that it was very difficult for me to get used to the big cultural, economic and social differences.
However, I´m really thankful of having such a sudden and strong introduction to a culture so far from mine. 
Africa as I could see in this first month and a half, has very good things, but also others that will just be impossible for me to get used to.


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