Los Balcanes: Parte I

Carlos Jeldres Venzano - marzo 01, 2018

El otoño en los Balcanes fue particularmente intenso en colores. Verdes, rojos y amarillos en cada uno de los 8 países de esta península que recorrí.

Dejando atrás la Europa occidental, me metía nuevamente a los países del este de Europa, los que más me llamaban la atención de Europa.
Salir de la Europa occidental no lo hacía solamente por que me había expirado la visa, sino en cierto punto empezó a ser más de lo "mismo". Por más que se quejen los alemanes que no tienen nada en común con los italianos o los polacos con los checos, empieza a ser, con una amplia gama de grises entre medio, más de una misma cultura que ya conocemos.

Llegué a los Balcanes el 17 de Octubre del 2017. La meta era atravesar la montañosa zona donde estaba Bosnia, Croacia, Montenegro, Kosovo, Albania, Macedonia, Bulgaria, para llegar a Asia en Turquía. No era solo del desafío físico de subir más de 10.000 metros acumulados de altura en unos pocos días, sino que esta zona era de las que más quería visitar por un tema que me provoca sentimientos mezclados de interés y odio: las guerras.

Recuerdo a mis 7 años escuchar prácticamente todos los días en la TV el país de Bosnia.
Devastado por la guerra, el nombre de ese país, y quizás para muchos hasta el día de hoy, era sinónimo de destrucción. Luego, más “crecidito”, por allá por el año 2000, lo mismo con Kosovo.
Así, antes de partir, y mientras descansaba las piernas en Italia, mi último país de Europa occidental, re-leí todo lo que pude sobre esta zona. Claro, entender lo que pasó es un quebracabezas. Croatas buscando la independencia de Serbia, luego Bosníacos (musulmanes) buscando lo mismo. Pero en Bosnia habían (hay) minorías Croatas (católicos) y Serbios (ortodoxos) por lo que primero empezó una guerra entre Bosníacos y Croatas, luego entre ambos contra Serbios, para alcanzar una paz muy frágil, con un país en extremo dividido hasta el día de hoy.
Ah, y casi se me olvida la separación de Montenegro de Serbia generando el tercer país más joven del mundo, y luego recordar que Kosovo (de mayoría Albanesa) logró una independencia a medias, siendo el segundo “país” más joven del mundo. Las comillas porque hasta el día de hoy cuenta solo con el reconocimiento internacional de algo así como el 55% de los países del mundo solamente, mientras el resto aun lo reconoce como parte de Serbia.
Fácil de entender, no?...

Mi ruta partió en la turística ciudad costera de Split, puerto de destino del barco que me llevó a cruzar el mar Adriático, esa lengua de agua que se desprende del mar Mediterráneo y que separa la ”bota” italiana de los Balcanes. Con Libertad y yo aun arriba del barco, llegamos a Croacia a eso de las 6 de la mañana, con un amanecer de los más lindos que he visto en mi vida. La ciudad de Split iluminada con un anaranjado cielo que a los minutos dio paso a un color rosado que pocas veces he visto, iluminando las casas del estilo tan particular de esta ciudad.

Split - Croacia
La parada en Split la aproveché para recorrer un poco la ciudad y estirar las piernas antes del duro pedaleo. La ciudad, sobretodo en su centro histórico, recuerda mucho a lo que vi en Italia. Y claro, la ciudad en algún momento fue parte del reino de Venecia, por lo que incluso su nombre se puede italianizar (Spalato).
En particular en Split, Croacia muestra su mejor cara. Ciudad ultra turística, destino a donde llegan desde partyholics de todas partes de Europa a hacer fiesta en las islas, hasta señores mayores a descansar en sus playas.
Como a cada país que llego, lo primero que hago es intentar salir con locales. Ahí conocí a un grupo de viajeros, varios croatas entre ellos. Mientras compartíamos unas cervezas, uno chico preguntó al grupo "cuál era el sueño que tenían de pequeños". Varias respuestas graciosas, hasta que Nikola, un croata de mi edad, dice que "mi sueño era bien inocente en verdad. Deseaba poder tomar agua del grifo sin tener que esperar que llegaran los camiones a abastecernos con agua en medio de la guerra". Luego de eso, un silencio incómodo en la mesa.
Me pareció grande el contraste de ver como, a pesar que Croacia se emerge como uno de los países más desarollados de los Balcanes, sin mucho que envidiarle a sus vecinos del resto de Europa, una generación entera nació al alero de la guerra. Personas de mi edad, que tuvieron que lidiar con eso en su infancia.



Pedalendo las montañas de los balcanes Croatas. Entre pueblos, iglesias y un hermoso verde.
Croacia parece emergida como el país más desarrollado ("europeizado") de los Balcanes, por lo mismo, no era de mi interés quedarme mucho más, y decidí comenzar pronto a pedalear. La primera meta era alcanzar la ciudad de Mostar en Bosnia, la ciudad que me parecía más interesante de ese país considerando mezcla de pueblos que viven ahí y su historia reciente. Eran 140 kilómetros, pero con la cantidad de montañas, pensé que lo haría en dos días.
En el pedalo por Croacia, por cada pueblo que atravesaba veía iglesias católicas al por mayor, religión que predomina dentro de los croatas y que es uno de los motivos de grandes diferencias entre croatas (católicos), serbios (ortodoxos) y bosnios (musulmanes).

Se veía poco probable alcanzar Mostar en un solo día. Cansadísimo luego de unas hermosas pero duras montañas, me para Ivan, un conductor croata que me vio intentando subir con la bici. Era para darme un pudín y fruta. Que manera de salvarme el día!. Claro, estaba, y me veía, hecho pedazos con tanta subida. Al rato, mientras entro a pedir agua a una casa, nuevamente me dan comida. Es famoso el trato que tiene la gente de los balcanes con los extranjeros, su conocida hospitalidad que descubrí de primera fuente.

Bicicleteando sin mirar el GPS, veo que súbitamente aparece la frontera con frontera con Bosnia (que rápido le puse luego del pudín!), el guardia fronterizo me hace la pregunta que nunca sé como responder...
"Para dónde va y dónde te quedas en Bosnia?"
"Sinceramente no sé bien, solo que debo llegar de alguna forma a Turquía para alcanzar Asia y no sé dónde me quedo hoy". La cagué, pensé inmediatamente.
"Estoy dando la vuelta al mundo en bici", agregué.
"Wow, felicitaciones! Se te ve cansado, toma" Y me da una Coca-Cola helada.
"Bienvenido a Bosnia!" me dice.
Parecía mentira, me había pasado antes alguna sonrisa o conversación amistosa, pero esto si que no lo esperaba.
Contra todo pronóstico y luego de 150 kms y 2.000 metros de subida, conecté en un día Split con Mostar, una de las ciudades con más historia del país.
Bienvenido a Bosnia y Herzegovina
Bosnía, es un país donde conviven tres pueblos (croatas, bosníacos y serbios) en dos estados: Bosnia-Herzegovina (compartida mayoritariamente por croatas y bosnios) y la República Sprska (mayoritariamente serbios).
Es un país tremendamente particular. Por ejemplo, tiene tres presidentes (uno representando a cada pueblo), y para cada ley, deben firmar los tres simultáneamente. Tremendamente dividido por la guerra, quería ver como estaban las relaciones entre los pueblos al día de hoy.
Parece Croacia, pero es Bosnia. A la izquierda manifestaciones independentistas Croatas junto a la bandera Catalana (algo así como "luego de Ustedes, es nuestra separación). A la derecha la bandera de los croatas en Bosnia, a solo metros de la frontera.

Mi primer día en Bosnia y me hago amigo de Irfán, musulmán y bosníaco. Recién ahí, al encontrarme con las mezquitas y la influencia de países árabes, entre en razón que estaba en el primer país de mayoría musulmana de mi viaje.
Larga conversación con quien me comienza a contar lo duro que había sido la guerra acá, y las diferencias que hasta el día de hoy persisten.
El puente de Mostar. Recontruido luego de la guerra, es el punto más emblemático de la ciudad, al conectar el oeste de la ciudad (croata-católico) con el este (bosnio-musulmán).
Entre más pasa el tiempo en este viaje, más me alejo de ese fanatismo futbolero, ya que he visto como saca lo peor de los pueblos. Sin embargo siempre uso preguntas de este tipo para tener una idea de como se llevan entre ellos.
    -Irfán, recuerdo que Bosnia y Croacia clasificaron al Mundial de Fútbol del 2014. ¿Cómo se vivió acá? - Quería saber si los Croatas de Bosnia habían apoyado por ejemplo a su propio país o a Croacia.
    -Pues la verdad es que bien tenso. El primer partido lo jugó Croacia contra Brasil, y muchos de los mulmanes nos compramos camisetas de Brasil para burlarnos de los Croatas. Lo mismo cuándo perdió Bosnia, los croatas celebraban como victoria propia.
    -"Entiendo" que se hayan burlado de que perdiera Croacia, pero los mismos bosnio-croatas de acá celebrando? Si es su país!
    -No lo ven como su país la verdad. He visto como muchos consideran traidores a aquellos de origen Serbio o Croata jugando por la selección de Bosnia.
Mientras conversábamos calmadamente caminando por las calles de Mostar, aparece un chico croata al parecer, quien con un tono amenazante se dirigió a Irfán en inglés. "No hables si no sabes. No cuentes cosas que no son".

El banco de Sarajevo que fue trágicamente conocida luego como la "sniper tower" o torre de los francotiradores. Acá los francotiradores del lado oeste de la ciudad (Croatas), con una vista sobre toda la ciudad, disparaban a la población. Mientras era de noche y nadie nos veía, saltamos las paredes para conocer desde adentro este trístemente célebre punto.
En menos de un día, eso de que las diferencias son "entre políticos" y que no permea a la personas me quedó más que desmentido. Lamentablemente vi como esas diferencias siguen latentes. No con la misma intensidad de antes, pero están ahí.
A pesar de todo lo anterior, es uno de los países de gente más amable que conocí. Tanto musulmanes como croatas son gente increíble. Entre las varias anécdotas, aquella que el dueño de un bar de la nada nos empezó a regalar cerveza por el simple hecho de ser extranjeros o la actitud de cada uno al simplemente preguntar algo en la calle, si no hablan inglés, se esfuerzan ellos en encontrar a alguien que sí lo haga para ayudar. Como lo descubriría más adelante, los países musulmanes, son donde más gente amable encontré.

Bienvenida a la república Serbia de Bosnia. Una especie de país dentro de otro país. Volvió a aparecer el cirílico y parecía realmente ser otro país.,
Al pedalear pasando por última vez el emblemático Puente de Mostar, me dirigía al siguiente país, Montenegro. Quería visitar su capital Podgorica.
Crucé todo Bosnia, incluyendo la federación serbia de Bosnia (lugar donde no encontré una sola bandera o símbolo de Bosnia!) para llegar a la frontera. Luego de 7 horas de pedaleo, esta vez no me fue tan bien. El paso estaba habilitado solamente para locales. Tenía que casi volver a bordear el país, con las manos rotas por el frío y tragándome el orgullo de dar marcha atrás. Luego de algo así como 8 horas de pedaleo puro, entre las montañas de los Balcanes que me comieron las piernas, llegué a Podgorica. Ya estaba en Montengro, mi país número 38 a la vista.



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