2017/11/03

Pueblos Bálticos

Rozeje. Primera parada en Letonia.
Luego de más de dos meses de descanso en Rusia, volví al ruedo. Era hora de volver a entrar a la Unión Europea, o simplemente "Europa" como le dicen rusos.
Los primeros países a atravesar eran Letonia y luego Lituania, los pueblos bálticos, ex repúblicas soviéticas. Si bien también podría considerarse Estonia como parte de las tres "repúblicas bálticas", este último país está ligado culturalmente más a Finlandia y los países nórdicos que ha los bálticos, con un idioma incluso con una raíz distinta. Por este motivo me lo salté; sentí que hacerlo visitado hubiera sido volver un poco atrás en el viaje y revivir lo que fue la ruta nórdica. Con esto en cuenta, me centré en estos dos países solamente.

Mientras Letonia lo decidí cruzar por el interior, alejado de su capital Riga, Lituania lo iba a hacer llegando a su capital Vilnius. Esta última era quizás la menos turística de las tres capitales bálticas, pero por algún motivo me llamaba la atención.
Para ser sincero, no me sentía inicialmente atraído a estos dos países, los hacía simplemente porque estaban a medio camino entre la Europa Occidental y Rusia. Pero como ha sido la tónica en el viaje, cuando menos espero algo de algún lugar, casi siempre termina por encantarme.
Gracias por todo Rusia. Hora de entrar a la Unión europea


La frontera de Rusia con la Unión Europea, siempre será una frontera relativamente "tensa". Sin embargo, el único problema que tuve al atravesarla no fue un guardia ruso de mal humor o el ingreso a la Unión europea. Sino un ataque que recibí los últimos días, en particular la última noche en Rusia. Los mosquitos. No exagero cuando digo que en mi vida había visto tantos reunidos y a pesar de estar cubierto como para ir a la guerra, los pocos centímetros cuadrados de piel expuesta se los devoraron.
Ya en la frontera eso si, me pidieron botar una cajita de leche que compré en Rusia producto del embargo de los países europeos a este país.
En verdad podría afectar la situación geopolítica una cajita de leche? Poco me importó y mientras el guardia se dio media vuelta, escondí la leche y entré con "contrabando" a Europa, jeje.

Días antes de llegar contacto a Vita, Letona que vivía en una ciudad pequeña relativamente cercano a Rusia si me podía alojar. Encantada me aceptó y por si fuera poco, además me invitó a comer con sus amigas.
Muchas de ellas entre broma y broma, se quejaban de los pocos hombres que había en el país, y claro, la proporción es aun más grande que en Rusia.
Ahí tuve mi primer baño del país. Me llenaron de comida del país y conversación donde me contaron sobre la relación con los otros estados bálticos y sus diferencias. País donde si bien comparten con Lituania la misma raíz lingüística, no se entiende casi nada entre una lengua y otra, y que a pesar de ser menos de 3 millones de habitantes, están llenos de dialectos entre ellos!

Mientras alistaba mis maletas para irme y cruzar el país, ya pagado con lo que había sido mi experiencia en el país, Vita me pregunta si me interesaría ir al pueblo de Aglona, donde una amiga me podía recibir. Coincidentemente ese día era la celebración de la Asunción de la Virgen, y allá la celebración era "con todo". Sí, hasta el presidente llegaba a la celebración y medio país se movilizaba a un pueblo muy pequeño. Por supuesto que accedí y partí esa misma mañana rumbo al pueblo, a solo 60 kilómetros de pedaleo.
Camino muy rico y lleno de verde que alegró mi paso. Sin embargo más tarde vería ese verde desde los cielos...
Todo el interior de Letonia con un verde que cautiva.
En Anglona, un pueblo que para esta fecha estaba a tope de gente; literalmente personas durmiendo en carpas al lado de la calle. Ahí me reciben sus conocidos, y mientras armo mi carpa, se acerca Artur y su familia, los dueños de casa que me invitan a comer. Les explico que no, la verdad no quería molestar, pero un no es casi una ofensa.
Me hicieron probar todo tipo de vino, cerveza y quesos letones, incluso me hicieron un reportaje para un medio local que algo de gracia me causó, ya que se referían a mi como "Peregrino de visita por la celebración". En fin, de religioso nada tengo, pero sí que era una celebración que tenía ganas de ver. Debe haber habido un importante porcentaje del país solo en ese pueblo, hace mucho que no veía tanta gente reunida.




Al día siguiente hora de partir, pero antes, Artur me pregunta si quería ver Letonia desde el cielo.
"Qué? Desde el cielo?"
"Sí, tenemos un amigo que tiene una avioneta. Nos cobra solo un monto simbólico, 10 Euros a los amigos. Así que eres bienvenido."
Así, pude ver esos paisajes verdes que aparecieron en mi pedaleo, ahora desde el aire.
Al despedirme de Aglona, de Artur y su familia, partí hacia mi último destino en Letonia, Daugavpils.

Letonia desde los cielos
Aleksandr me esperaba. Y fácil fue darme cuenta que parecía estar de vuelta en Rusia. Todo estaba en ruso en las calles. Incluso Aleksandr hablaba en ruso, al igual que el 90% de la población de la ciudad.
Antes, como broma me decían los Letones que se sentían como extranjeros en su propio país, pero claro, es entendible encontrar tantos rusos, ya sea atraídos por los empleos como los que han vivido ahí toda su vida, desde antes de la separación de la URSS.
Aleksandr fue de esos viajeros con los que se puede estar horas y horas hablando. Me habla de un país (que probablemente ya conozco o conoceré en el viaje) y le respondo con otro. Mil anécdotas de viaje y me convenció de visitar algunos países en disputa, como el Nagorno Karabakh.
En fin, Letonia fue de esos países donde en tan pocos días, pude extraer gran parte de su magia.
Un país pequeñísimo que me sorprendió en tan solo unos pocos días. Era hora ya sin embargo de visitar a su país hermano, Lituania.
Simples monolitos. Las fronteras dentro de la unión europea no son más que eso.
Pedaleando hacia Lituania intentaba ilusamente alcanzar la capital Vilnius antes del atardecer en un solo día. La parada de dos meses y medio en Rusia se comió gran parte de mi estado físico, hace mucho que no pedaleaba con un ritmo tan bajo, así que me di cuenta que era mejor acampar en alguna parte antes de la capital.
Un par de horas antes de esconderse el sol, me encuentro con un pedalero en el camino, Nandor de Rumania, quién estaba viajando a su casa desde Londres.
Nando a pesar de ser rumano, se considera también como húngaro. Era de la minoría húngara de ese país, al lado de Transilvania; él es incluso la primera persona de ese país que conozco de hecho.
Hace tanto que no compartía con un pedalero. Acampando en una especie de bosque, me tocó uno de esos hermosos atardeceres, la infaltable cerveza, para luego nadar hasta una de las tantas islas donde entramos en contacto con la naturaleza.


Al día siguiente Vilnius. Todos me decían antes de llegar...porqué elegí Vilnius como checkpoint.
Me advirtieron de lo poco turístico que era (cosa que para mi es un plus); pero más allá de eso, la encontré bastante plana en un comienzo. Fue como un flashback a lo que fue Belmopán en Belice, una de las capitales más aburridas que he visitado en mi vida.

Vilnius en 4 escenas
Sin embargo con el correr de los días le días le fui encontrando la magia a esta ciudad de no más de 500 mil habitantes. A sus pasadizos y barrios. A su historia tan única, su anexión forzada a la unión soviética. A su cultura y comida. A su bohemio barrio de la "República de Uzupio" (mitad en broma, mitad en serio con constitución y bandera propia), su infinidad de iglesias, su arquitectura y sus "ángeles escondidos" a lo largo de la ciudad. Pero en particular, a una persona que me hizo quedarme más tiempo del pronosticado. Eso último quizás sea historia para otro capítulo.
Luego una semana en la ciudad, el destino era Polonia, la cuna de Juan Pablo II.

Mientras intentaba salir de Lituania y a pocos kilómetros de la frontera con Polonia, me pilló la noche. Al despertar veo que la rueda la tenía pinchada. No hubiera sido problema si no es por el hecho que además amenecí con la bomba de aire mala. Quedé botado en medio de la nada, donde demonios iba a encontrar una bomba.
Caminando de vuelta a alguna ciudad grande, a por lo menos 3 horas a pie, me encuentro en un pueblo a unos lituanos. Al verme con la bicicleta rota arman entre todos un adaptador artesanal y con una bomba de autos. Jornada salvada. En pocas horas ya estaba en territorio Polaco.

Últimos kilómetros de pedaleo por Lituania..

...Hasta llegar a Polonia.
Hasta pronto Lituania. Al parecer hasta más pronto de lo que pensaba...

Un poco de historia:
11 de marzo de 1990.
Independencia de Lituania de la URSS y Chile vuelve a la democracia.
Un lindo día para el mundo.