2017/10/14

Rusia



Rusia. El país más grande del mundo frente a mis ojos. Después de casi un año de pedaleo, se dieron las condiciones justas para hacer de este país una parada que sin querer se extendió en casi dos meses y medio. La razones sobraban; estaba la Copa Confederaciones que iba a jugar Chile, el hecho que los sudamericanos (a diferencia de europeos y estadounidenses) no necesitamos visa (y por 90 días!), el mes de Junio que es lo poco de verano que tiene este país en el norte, lo cansado que me encontraba, el hecho que necesitaba salir de la eurozona por un período largo para volver a tener 90 días de visa en Europa, lo hermosa e importante de la ciudad de San Petersburgo, la segunda en importancia del país y su capital cultural y, principalmente la verdad, la abismal diferencia de precios con los países de donde venía pedaleando.



Al cruzar el hito que indica que me encontraba en Rusia, estaba a los pocos kilómetros inmigraciones. Una larga fila de, en su mayoría, rusos o finlandeses. Intentaba llenar la hoja de inmigración válida para Rusia y Bielorrusia (luego me enteraría del estrecho vínculo entre ambos países), pero me doy cuenta que...no sabía escribir en cirílico!, el alfabeto usado en Rusia. Hice lo mejor que pude las "я", las "ш" y otros símbolos, escribiendo direcciones y nombres de hostales, pero parece que no fue suficiente para el guardia de turno.

Al contrario de lo que fue mi salida de Finlandia y mientras acá todos pasaban en menos de 2 minutos, me tocó esperar largo rato mientras hacían llamadas de un lado para otro, me miraban con cara de sospechoso y me preguntaban por los timbres de mi pasaporte en un horrible inglés. Supongo que en el aeropuerto de Moscú o San Petersburgo no es problema encontrarse con un pasaporte sudamericano, pero pasar por una frontera terrestre, desde 'Chile' (dónde quedará eso deben haberse preguntado) cruzando por Europa...y en bicicleta! Daba para sospechar a un país en extremo celoso con su seguridad nacional.
Mientras revisaban hoja por hoja mi pasaporte con luces UV e incluso una lupa, luego de inspeccionar mis maletas, por fin me dejaron entrar. Después sin embargo me entero que esto que fue una mala anécdota pudo haber terminado en algo horrible, ya que uno de los medicamentos que tenía en caso de emergencia o accidente y que justamente tenía en el compartimiento de mis pasaporte, acá era considerado una droga ilegal. Hermoso final hubiera sido terminando en una cárcel rusa o deportado a Chile...
En fin, estaba ya libremente en territorio ruso.


En mis primeros momentos luego de traspasada la frontera le pregunto a un camionero, que no olvidaré una especie de chapita que imagino era su nombre, y que decía "Dimitri", si me podía tomar una foto con un cartel de bienvenida a Rusia.
Me miró por 5 segundos con una cara de perro y se dio media vuelta sin dirigirme la palabra.
"Dónde me vine a meter!" me preguntaba, quizás tenían razón muchos de los europeos que me advertían de Rusia. Pero como siempre me dije, jamás me iba a llevar por esterotipos ni primeras impresiones.


Rápidamente en el pedaleo antes de llegar a San Petersburgo (y también al salir de la ciudad) me di cuenta del radical cambio con Finlandia y en general los países nórdicos. Creo que ha sido el cambio más fuerte entre países contiguos en lo que va de mi viaje después de lo que fue Cuba-USA. Carreteras de tierra en mal estado, casas cayéndose a pedazos y fábricas abandonadas. Esa era la "verdadera Rusia" según me comentarían luego a diferencia de San Petersburgo, una ciudad por y para el turismo.


La Rusia profunda

Dada su cercanía con Finlandia, solo dos días me tomó llegar a San Petersburgo. Fue amor a primera vista con la ciudad. Si bien es un desastre para pedalear (como toda Rusia, donde no existe una cultura de la bicicleta), es una ciudad que enamora, siendo su centro histórico patrimonio de la UNESCO.
Por lo demás, en este viaje he descubierto que las ciudades que más me agradan son esas que tienen una población con entre medio millón y un millón de habitantes. Ni tan grandes como una metrópoli ni tan pequeñas, donde hay de todo al alcance de la mano.
No averigüe cuántos habitantes tenía la ciudad antes de llegar. Cuando me dijeron que eran más de 5 millones lo podía creer.
En todo mi viaje nunca había visto eso. Era un efecto entre lo acogedora de la ciudad, sin edificaciones grandes y una ciudad muy amplia y poco densa. A simple vista parece con suerte una ciudad de 1 millón de habitantes, pero no...

Los canales que abundan en la ciudad, por algo es otra más de las llamadas "Venecia del norte".




Vistas de San Petersburgo
Punto aparte merecen las mujeres de este país y en particular de esta ciudad. Era comentario obligado para todos quienes llegaban a la ciudad. Parecía una especie de pasarela al aire libre, las mujeres más hermosas que he visto en mi vida, pero que para los rusos ya parecían parte del paisaje.
"Pero mírala, si es hermosa!" Les decía a mis amigos rusos.
"Mmm, normal no más" me respondían. No lo podía creer.
Ese, como lo bauticé "síndrome Rusia" efectivamente dura un par de semanas, y luego pasa a ser parte del paisaje. "Hay que guardar este secreto" me dijo un francés. Aunque de secreto tiene poco, prefiero compartirlo con el mundo.
Palacio de Petergof, en las afueras de San Petersburgo

Los atardeceres de fuego de San Petersburgo. Cada día, nublado o despejado se armaba un espectáculo natural donde se mezclaba el rojo del cielo junto a sus canales. Después de pasar por este país, ya ningún atardecer vuelve a ser lo mismo. 



Mi primera intención era quedarme un mes, arrendando una pieza cerca del metro Technolovisky Institute, justamente el metro que hace no más de dos meses había sufrido un atentado terrorista de ISIS, muriendo decenas de personas. Por ese motivo, como anécdota, entrar al metro era casi como entrar al aeropuerto con detectores de metales y guardias al por mayor.
Una de la razones más importantes de quedarme acá gran tiempo, eran los precios. Gracias a la devaluación del rublo hace un par de años, detallada por el conflicto con Ucrania del 2014, el alojamiento, la comida y la vida en general era muy económicas. Una pieza céntrica por un solo mes, no salía más de 300 dólares, el metro por casi medio dólar y se podía comer fácilmente por uno o dos dólares.



Tal y como en México, acá es poco lo que puedo comentar de la bicicleta y el recorrido, ya que esta fue una especie de pausa dentro del viaje. Sin embargo, en estas paradas largas es donde más profundamente se puede llegar a conocer el país. Así, fui durante dos meses, un residente más de Rusia.

Empecé mi pedaleo el 11 de junio del 2016, y un año después, la vuelta al rededor del sol me pilló en esta parada. Además, fue acá donde cumplí mis 30 años. Fue hermoso tener este tiempo para mirar atrás y recordar todo lo que había sido este hermoso año, además de recibir saludos de más de 30 países distintos.

Una de las anécdotas más grandes de mi paso por acá fue antes de la final de Chile. Mientras me alistaba a ir a ver a Chile, me llama la hermana de uno de mis mejores amigos. Me querían hacer una reportaje para Emol, el más leído diario electrónico de Chile. Luego de este reportaje, y como tengo hasta la marca de mis calzoncillos en mi página para ser ubicado, como nunca empezó a sonar mi teléfono, sin exagerar, más de 100 mensajes por leer cada 5 minutos al viralizarse. Quería promocionar el viaje, pero por un momento se salió algo de las manos tanto. En fin, fue agradable recibir tantos mensajes de apoyo, saliendo en algunos periódicos locales e incluso recibiendo una llamada de RT (ex Russia Today) para una noticia.

Final Chile - Alemania, copa confederaciones.
A pesar del fervor en Chile, acá los rusos con suerte sabían que había una copa. Se burlaban de "lo mala" que es su selección (a pesar que es relativamente competitiva). El hockey, al igual que en Canadá, su archirival, es el deporte que mueve masas.
El idioma sí que fue una barrera. Si bien hay gente joven habla el inglés, es muy difícil comunicarse en ese idioma con la gran mayoría de la población. Por este motivo, dediqué gran parte de mi tiempo apenas llegué a aprender un ruso por lo menos de "supervivencia". Idioma complicadísimo, considerando que antes de empezar a aprenderlo, hay que aprender a transliterarlo (pasar de símbolos cirílicos, a nuestro alfabeto latino). Hasta el día de hoy, luego de un par de meses en esto, sigo leyendo como un niño de 5 años sílaba por sílaba.
Sin embargo me sorprendió, por lo menos a nivel de jóvenes con educación media o alta, el nivel de conocimiento del español. Muchas veces me sorprendieron hablándome en un muy buen español; existe cierta idealización del sur, en particular a España, tanto por el clima como por la calidez de su gente. No por nada los rusos son los mejores clientes de las inmobiliarias españolas, sobretodo en sus playas.
A mi derecha Juan Andrés (Colombiano) y Asya (Ucraniana-Rusa). Dos de mis grandes compañías en el país.

A pesar de todas las barreras, y en parte gracias a Sandra, profesora de español en Rusia que me fue quién me introdujo al principio al país, su gente, su comida y sus costumbres, pude entender mejor y hacer conexión con la gente de acá.
La comida rusa por ejemplo está muy influenciada por los países vecinos que antiguamente pertenecían a la antigua Unión Soviética.
Como ejemplo dos de los platos más típicos del país, a la izquierda el Борщ (Borscht), originario de Ucrania. Es una sopa de remolacha y (semi) en broma dicen que el como una mujer lo prepara, va relacionado con su carácter o como es como esposa.
A la derecha mi amado ხაჭაპური (Jachapuri) originario de Georgia, otra de las repúblicas satélites de la URSS. Masa rellena de queso fuerte con huevo. Bomba calórica que me hizo ganar un par de kilos, pero increíblemente delicioso.

Sobre el ruso y su carácter, lo primero que debe ser dicho es que si bien no es de piel como los latinos, sí se puede llegar a conocer no solo superficialmente. A diferencia de muchas partes del resto de Europa, donde es difícil hacer conexión a la primera, acá sí se puede hacer. Puedo decir de primera fuente lo injustificado de ese miedo o miramiento en menos al ruso, la llamada "Rusofobia" del resto de Europa, donde los dilemas políticos se los traspasan a la población. En Rusia jamás escuché una palabra en contra de "Europa" (a pesar de estar geográficamente también en Europa, se refieren siempre como Europa a todo lo que está al oeste de sus fronteras), sino por el contrario siempre una admiración.
Hablando de política, imposible no hacer una especie de encuesta sobre su temido-amado-carismático líder Putín. Acá realmente existe una admiración genuina por el presidente, donde se percibe como un líder protector. Podría decir que el 70% de la población tiene una opinión favorable o por lo menos neutral con Putín, teniendo MUY en claro los, digamos, sus "puntos negros". A diferencia de USA donde prácticamente cada una de las personas "de a pie" a quienes les comentaba del tema me daban su opinión negativa de Trump (desde payaso hacia arriba), acá no ocurrió eso.
Volviendo el tema de Europa, muchas veces incluso me (antes y luego de pasar a Rusia) me hicieron comentarios sobre lo peligroso que era el país, sobre la delincuencia. La verdad es que caminar de noche por San Petersburgo lo sentí tan o más seguro que hacerlo por ejemplo en Munich, por lo que como cualquier ciudad grande, había que tener resguardos básicos, pero absolutamente nada del otro mundo.
A pesar de la apertura actual Rusa, aun existen muchos símbolos de la era soviética. Si bien con casi todos los jóvenes con los que hablé, la ven como una era pasada a la que no desearían volver, los más adultos la recuerdan con nostalgia como un período donde "no les faltaba nada".
Eso sí, y creo se debe un poco a lo cerrado del régimen soviético y el relativamente poco tiempo que llevan abiertos al resto del mundo, encontré una sociedad muy conservadora y con niveles altos de racismo, por ejemplo con los rusos caucásicos que vienen a buscar trabajo a la zona "rica" del país (por lo demás uno de los países más desiguales del mundo). Ni hablar de los derechos a marchar de los homosexuales por ejemplo, donde se les prohíbe bajo el pretexto que es por su seguridad.
Celebración del día más largo de año. Foto tomada a las 1 de la mañana, donde prácticamente no hubo oscuridad.
Las llamadas "noches blancas" de San Petersburgo son un espectáculo, pero al mismo tiempo es dificilísimo hacer una rutina cuando la noche y el día mezclan.
El clima de la ciudad merece un párrafo aparte. Y no, no me refiero a la temperatura, ya que estuve en "verano", y las temperaturas eran más que aceptables.
Llegué en medio de las "noches blancas", y tal como en el resto de los países del norte, que bordean con el paralelo 60º (o sobre él), el tema de la luz es caótico. En invierno, prácticamente no tienen luz del sol y en verano, no hay casi noche.
Salir del pub o disco a una decentes 2am, pero tener al sol encima tuyo, te hacía sentir el tipo más borracho del mundo, sumado al hecho que es imposible dormir así. Desarrollé unas hermosas ojeras marrón profundo mientras estuve acá, durmiendo algunos días 16 horas diarias y otros 4. A veces no dormía o a veces pasaban 3 días y dormía solo 2, mezclados con un montón de siestas.
Adiós querido San Petersburgo!
Desde México que no me había sido tan duro dejar una ciudad. Es el peligro de estas paradas largas. El "gitaneo" en mi bici, moverse constantemente de un lugar a otro, impide generar lazos tan profundos con lugares, pero al quedarse tanto tiempo en un solo lugar, es imposible no hacerlo. Al fin y al cabo, somos seres humanos donde por naturaleza buscamos el arraigo y el afecto. Así, por segunda vez con lágrimas, llegó la hora de partir. Había que volver a Europa...


Pedaleando nuevamente por la "Rusia profunda", y mientras tomaba desayuno en un poblado de no más de 100 personas, me habla un tipo. De mi primitivo ruso, le entendí"Ti Est". Al parecer me estaba invitando a comer.
"No, no gracias! Estoy en mi desayuno". Mientras balbuceaba eso, tomaba mis cosas para llevarlas a su casa, no había espacio para un no.
En su casa, con los niños al rededor me presenta a su amigo Armenio. Él era Alexandr.
Me sirve un almuerzo, con casi puras verduras y carne producidas en su hogar. Mil gracias le digo.
Comiendo noto que están tomando "un par de copitas" en la mañana. Una botella entera de vodka y 4 litros de cerveza para ser más exactos.
-"Tan temprano bebiendo Alexandr?"
 -"Es para empezar el día con energía, prueba uno"-
-"No, grac..." -Cuando ya tenía el vodka frente a mi. "Ok, solo uno".
Como no me canso de repetir, odio un poco eso de los estereotipos, pero sí. Es verdad. Acá se bebe mucho. Mucho. Fueron sin ir más lejos los dos meses más borrachos de mi vida.
-"Mil gracias Alexandr! Con esto tengo energía para todo el día"
-"No, falta el último Vodka"
-"No puedo decir que no, cierto"
-"No".
-"Ok".
Luego del último vodka y dos días de intenso pedaleo, llegué a Letonia. Nuevamente en la zona euro. Hasta el día de hoy, pasados casi 5 meses de mi llegada que recuerdo con nostalgia este lugar.
Desde Rusia, con mucho amor. Gracias por todo mi querida Rusia, nos veremos nuevamente.

Las tumbas a los caídos en la II Guerra Mundial. Como en toda Rusia, país con más muertos de la guerra, se encuentran estos Memoriales en cada ciudad o pueblo.

Adiós Rusia! Que venga Letonia