2017/03/22

Cuba




Mientras pedaleaba por centroamérica, cada vez que revisaba mi GPS no me aburría de mirar la cantidad de islas que había a tan pocos kilómetros al Este, separados únicamente por el mar del Caribe.
Con tantos países, decidí pedalear por una de las cientos de islas de este mar. Recién ahí sentiría que completaría la última pieza del hermoso rompecabezas que fue Latinoamérica.
De todas las islas disponibles, reduje las alternativas a tres: Cuba, la isla compartida por República Dominicana y Haiti y Puerto Rico.
Considerando toda la historia detrás de Cuba, la política y un estilo de vida único, creo tomé la decisión correcta, en un país tan espectacularmente único, para bien en algunas cosas y para mal en otras.

...Y se me fue México, y era el momento de retomar el pedaleo.
Con las piernas frescas, la meta era cruzar Cuba de punta a punta, simulando lo que fue el último adiós de Fidel Castro, desde La Habana, capital ubicada en el Oeste del país, hasta Santiago de Cuba, en el Oriente, rematando con un largo de 140 kms en Holguín, ciudad donde me embarcaría a Estados Unidos.
Una travesía de más de 1.000 kms, donde buscaba visitar la mayor cantidad de pueblos posibles.
Se me hizo evidente desde un comienzo que no hubiera sido una buena idea pasar tiempo en lugares turísticos como Varadero. Personalmente pienso que venir a Cuba, con todo lo que hay por explorar de este país tan único para quedarse en un hotel al lado del mar, no tiene ningún sentido.
La Ruta. más de 1.000 kms por tierra desde La Habana, hasta el Oriente del país.
Una vez en La Habana y al comenzar mi paseo en bicicleta por la capital, sentí a los segundos una bofetada que me envió 60 años al pasado.
Edificios antiquísimos, autos de la época de la guerra fría, todo parecía congelado en el tiempo.
Ni hablar del tema del Internet en Cuba, que da para un párrafo aparte. Ni WiFi en las casas ni Internet en los celulares; la única opción de conexión era estar en algún hotel de lujo (claramente yo NO estaba ahí) o conectarse pagando en las plazas públicas, que si bien era caro, fue uno de los pocos lujos que me daba en el país pero prohibitivo para la mayoría de los cubanos.
El pasar de estar hiperconectado con todo mi entorno, a estar en uno de los pocos puntos aislados tecnológicamente del planeta en un principio fue complicado pero después, como coincidimos todos los viajeros que conocí, te acostumbras e incluso libera un poco.

La Habana. Plaza de la revolución y centro histórico.
En La Habana, para quienes aman la historia latinoaméricana, es un deber visitar el Museo de la Revolución, que si bien está contado muy sesgadamente desde el lado "revolucionario", es muy útil para entender la historia reciente de Cuba, principalmente en la década del 50 y el proceso del derrocamiento del dictador Batista, necesarias para entender parte de las razones de Cuba el día de hoy.



Muriendo de ganas de pedalear, y dejando atrás al agradable grupo de amistades que hice en Habana, era momento de (por fin!) empezar el pedaleo en ruta.
Primera meta, ciudad de Cienfuegos, donde me alojaría donde Ángel con quien coincidimos en Chile, primera persona cubana que conocí.
Soportando el calor, el humo denso y negro proveniente de los automóviles de hace 6 décadas y el regular estado de la ruta, quedé a mitad de camino de Cienfuegos; hora de golpear por enésima vez una puerta y pedir permiso para acampar en el patio, todo en medio de un área prominentemente rural.
Acá aprendí otra diferencia de Cuba con el resto del mundo: es ilegal alojar a algún extranjero. Así como suena. Ilegal.
Solo las casas que tienen ese símbolo afuera, pueden alojar extranjeros. De otra manera es ilegal

En Cuba, los extranjeros solo pueden dormir en hoteles o domicilios particulares habilitados como alojamientos pagando mensualmente un monto al gobierno. Esto tuvo la ventaja de poder conocer más a la familia cubana in situ, pero por otra parte me hizo pagar todos los días alojamientos entre 10 y 20 dólares, algo que restringió mi presupuesto acá, pero se compensó con lo extremadamente económico de su comida.
El señor a quién le pedí acampar me explicó que se exponía a graves problemas (como si ya no tuvieran demasiados) en caso de alojar a un extranjero, por lo que obviamente entendí su situación, y a pesar de lo poco probable de ser detectados por un policía, lo mejor era no correr el riego.
Pues ni modo! Hora de acampar en medio de la nada como de costumbre, no sería ni la primera ni la última vez.
En eso estaba cuando en medio de la noche me divisa una persona, Osmel.
Me hace aquella pregunta que más me han hecho desde que salí de Chile: "Usted está loco al hacer esto?"...
Cuba, a pesar de la enorme brecha económica de este país con el resto del mundo, fue un país en el que jamás me sentí en riesgo de ser robado y ganada tiene su fama de segura.
A pesar de lo anterior, Osmel me dijo que no era necesario correr riesgos, que podía ir a su casa con su familia.
Mientras armaba la carpa para dormir en su patio, me pregunta que porqué dormiría ahí, si estaba en su hogar y se acomodarían para dejarme una cama libre y por supuesto invitarme a comer.
Ya lo he mencionado en post anteriores, la gente más humilde es aquella que está más dispuesta a compartir orgullosamente lo suyo, pero en Cuba se me quedó corta esa frase.
Profunda conversación, donde me contó como hace unos años estuvo a metros de llegar en lancha refugiado a los Estados Unidos, pero a metros de la costa de Florida, fue interceptado por patrullas de control fronterizo, siendo devuelto a Cuba.
A pesar de todo, él estaba tranquilo. Más que resignado, tranquilo. Esa, es otra característica transversal al cubano. A pesar de todo lo que puedan sufrir, con todas las limitaciones económicas y políticas, son de las personas más resilientes que he conocido, admirables.


Siguiendo la ruta pasé por Cienfuegos, donde me recibió la abuela de Ángel. Que mujer más amable; me sentí por una noche donde mi abuela, donde parece ser un problema generacional el sobrecalcular el nivel de comida que un ser humano puede ingerir.
Revolucionaria de tomo y lomo, me explicó los beneficios del pueblo bajo el sistema actual. Me comentó varias cosas, sobre como funciona el sistema de venta de alimentos subvencionado del gobierno; sí es cierto que nadie muere de hambre, ya que acceden a precios rídiculamente bajos para la canasta básica y otros aspectos como la gratuidad universal en la educación.



Mientras pedaleaba, algo me llamó la atención. Dos de las grandes cosas que amo de viajar, son apreciar los paisajes de los países mientras atravieso sus carreteras y probar sus comidas típicas.
A pesar de que en mi imagen mental tenía exquisitos platos cubanos y vistas paradisíacas, me sorprendí negativamente por esto. Ni la comida ni sus paisajes me sorprendieron.
La comida era más bien plana, creo que nunca en mi vida comí tanto arroz o su variante más consumida el "congrís" (arroz y frijoles negros).
Sus paisajes, si bien eran bonitos, no eran nada del otro mundo, algo de verde por occidente y paisajes muy secos con algunas pocas montañas en oriente, poco comparado con el resto de latinoamérica, donde cada país de la faja continental tenía paisajes increíbles.
Sin embargo, a pesar de lo anterior, el valor que tiene el país por su gente y su historia compensa con creces esos dos "detalles".


Trinidad. Patrimonio de la humanidad
En medio del camino, me apareció la ciudad de Trinidad, patrimonio de la humanidad, imperdible para quienes visitan esta parte del país pero bastante más cara que el resto del país. Calles rústicas, pueblo muy pintoresco, pero lamentablemente, en extremo turístico. Partí así rápidamente a Camagüey, ciudad que me marcó bastante por la gente que conocí.
Por esas cosas de la vida, me hice amigo de unos artesanos, los primeros que me hablaron abiertamente contra el régimen y me explicaron sobre el (inexistente) estado de la libertad de expresión en el país. En esa conversación, se arma un grupo más grande y empiezo a hablar en inglés con unos franceses. Y se unen a la conversación los artesanos, en un inglés probablemente mejor que el mío. Y al rato me hablan muy informadamente sobre política sudamericana y terminamos hablando hasta del principado de Liechtenstein.
Porque resulta que habían estudiado en la universidad, y tal como pasa en el resto de Cuba, es muy común que el conductor del taxi resulte ser ingeniero o que el dueño de un negocio pequeño, es un médico.
Porque el sueldo promedio anda por los 20 dólares con suerte, uno de los más bajos del mundo. Entonces resulta fácil notar que, por más que el transporte esté subsidiado (un bus urbano, cuesta alrededor de 15 pesos chilenos, algo así como 2 o 3 centavos de dólar) o la comida, existen otras necesidades, y con vender una sola de sus artesanías, o hacer un buen recorrido en taxi, ganaban más que en sus empleos.
Sin embargo, noté que el tipo de educación cubana es diferente al chileno, más orientado a formar personas antes que máquinas, como en gran parte del mundo.
El cubano medio es tremendamente culto. En Chile he visto ingenieros de las mejores universidades cometiendo no errores, sino que horrores ortográficos, o en general, que no saben mucho de lo que ocurre en el mundo ni en su propio país, viven y están formados para generar dinero como máquinas, como una parte más del engranaje. No así el cubano.

Dejado Camagüey, hora de llegar a oriente, la tierra caliente y cuna de la revolución de Cuba.
En eso estaba, pedaleando con viento en contra (como casi durante todo Cuba) en mi último día donde remataba en Santiago, principal centro urbano de oriente, cuando sin darme cuenta, me alcanzan cuatro ciclistas canadienses. Se ofrecieron amablemente a cortarme el viento, cuando ya veía difícil llegar con las piernas en buenas condiciones a Santiago.

..Y ahí apareció frente a mí. Santiago de Cuba. Lugar del palacio Moncada, donde se inició la revolución, donde está la tumba de Fidel. Misión cumplida en el país.
Acá me quedé varios días, recuperé las piernas, recorrí varios lugares de la ciudad, conocí la fiesta, hice varias amistades, pero a decir verdad, ya necesitaba un poco del resto del mundo.
Santiago de Cuba.
Ya sea por la falta de internet o por lo extrovertido de los cubanos, a diferencia de lo que está pasando en el resto del mundo, las plazas son verdaderos centros urbanos, llenos de gente, llenos de vida en cualquier momento del día.
Es acá donde se desarrolla la vida de la ciudades.

Y así, luego de un largo de 140kms hacia la ciudad de Holguín, se acabó la aventura cubana.
Porque encontrar leche saborizada, pollo deshuesado, barras de cereal...o cualquier cosa que no sea de primera necesidad es una misión que va desde lo difícil hasta lo imposible; el desabastecimiento en supermercados y establecimientos es tremendo.
Porque ya necesitaba tener internet para estar comunicado con resto del mundo.
Porque creo que casi tres semanas fueron suficientes para conocer de primera fuente como funcionan las cosas en Cuba. Amado por algunos, odiado por otros, una experiencia que me permitió ver cosas muy buenas...pero también de las otras.








Existen dos tipos de moneda en Cuba. El CUC (cuc, divisa o convertible, equivalente a prácticamente un dólar) y el peso (simplemente "peso", CUP, o nacional).
1 CUC corresponde a 23 o 24 CUP, y muchas veces, dado lo complejo y único de este sistema, muchos turistas se confunden o caen engañados al pagar en convertibles, cuando los precios están en pesos nacionales.
Dado lo barato de la comida, es fácil caer, ya que a veces los precios son tan bajos, que parecieran estar en CUC en vez de CUP.


Team La Habana. Casi todos estadounidenses, con quienes compartimos un par de noches en La Habana.

A solo un par de meses de su fallecimiento, la tumba de Fidel Castro se ha convertido en un lugar imperdible dentro de Santiago de Cuba, la cuna de la revolución.

Todas las tiendas, ya sean grandes o pequeñas, deben tener este letrero indicando los precios afuera, los cuales son regulados e iguales en todo Cuba.
Arriba por ejemplo, lo más caro, un flan de leche, cuesta 5 CUP o 130 pesos chilenos (poco menos de 20 centavos de dólar).
Por este motivo, Cuba se convirtió en el país que menos dinero he gastado en comida.

Espectáculos como estos, a precios bajísimos, eran comunes en casi todas las ciudades medianas y grandes.

En Cuba no se ve publicidad en las calles ni en los periódicos.
La única forma de publicidad es propaganda pro régimen y pro revolución.

Periódicos del día que murió Fidel Castro, consiguiendo algunos para el recuerdo.