2016/11/27

Colombia



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Un nuevo país, un nuevo destino: Colombia.
Decidí entrar a Colombia por el Putumayo, por la selva colombiana. Eligiendo esta alternativa me iba a perder ciudades importantes de Colombia como Cali o Pasto, pero tenía ganas de seguir dentro de la selva; se me hicieron muy pocos los días en esta parte del mundo.


Entrar por esta parte de Colombia, y en bicicleta, hace algunos años hubiera sido visto como un suicidio por el riesgo latente de las FARC. Afortunadamente como me comentaron muchos colombianos y viajeros, en el sector se respira una profunda tranquilidad luego que se está conversando y se ha acordado la paz con este grupo. Lo relajado del ambiente lo noté literalmente a los segundos de haber entrado en tierra colombiana, cuando miembros del ejército, me rodearon y me empezaron a preguntar por el viaje en bicicleta. Muy amables incluso pidiéndome ellos una foto; noté rápido que Colombia sería un agrado.



En Colombia descubrí rápidamente lo fuerte que pega la bicicleta acá. Creo que es el país donde más "ciclas" (como le dicen acá) vi. Habían tiendas especializadas en pueblos de no más de 10 mil personas. Encontré repuestos que luego de haber cruzado todo Ecuador no encontré, y en lugares donde pensé que sería imposible y a precios bajísimos, que dudo encontrar en alguna parte del globo. Por este motivo, fue parada obligada para mantenciones y compra de repuestos para afrontar la etapa centroamericana que se venía luego.
Foto en tienda Calapie, quienes además me ayudaron a promocionar mi viaje
https://www.facebook.com/calapiebycicle
En Colombia, y a decir verdad en sudámerica, poco peso le tomé a lo económico de los alojamientos. Llegué a dormir por solo 3 dólares la noche, existiendo residenciales en poblados minúsculos. La carpa la ocupé solo en casos de mucha emergencia, ya que no se justificaba de otro modo. Como descubriría al continuar a centroamérica, no supe agradecer el tener un descanso bueno todos los días, el dormir en una cama y comenzar a pedalear lleno de energía.

Bandeja Paisa. Uno de los muchos manjares que probé en esta tierra
Con respecto a la ruta, sabía como entraría a Colombia, pero no como saldría.
Colombia no tiene conexión por vía terrestre con Panamá. Existe el temido Tapón del Darién, el cual deja solamente dos opciones para cruzar hacia Panamá, por aire (avión/avioneta, desde Medellín o Bogotá) o por mar (barco/lanchas, Turbo o Cartagena). El cómo cruzar fue un quebradero de cabeza desde que inicié mi viaje. Cuando planifiqué originalmente mi viaje, existía el Ferry Xpress, que cruzaba por solo 90 dólares desde Cartagena hasta Colón, pero justamente este año se suspendió el servicio.
La opción por mar era la que prefería, pero el problema era su alto costo: casi 400 dólares el crucero y casi 300 dólares las lanchas, ya que los Kunas, indígenas de la zona Panameña del Darién, al tener el monopolio del transporte en el sector, cobran precios desorbitados.
Afortunadamente encontré una línea de bajo costo, con la que por cerca de la mitad del precio del lanchero más económico, pude seguir el viaje. El punto de salida era Bogotá, por lo que desde ese momento ya tenía un punto fijo donde ir y no deambular sin tener claro que hacer. Bogotá era el destino.

Ya con el problema del cruce resuelto, armé la ruta. La idea era seguir por el valle formado entre la cordillera central y oriental de Colombia, pasando por Neiva, ruta que si bien tenía un par de subidas del terror, era bastante aceptable en cuanto a dificultad.
Luego de 10 días de pedaleo desde la frontera, logré el último punto al nivel del valle antes de empezar el que sería el último reto de Colombia, llegar a la ciudad de Bogotá, alcanzando los 2.800 m.s.n.m. Poco para todo lo que me había acostumbrado en el resto de sudamérica, pero de todas formas, un esfuerzo importante.
Así, luego de dos días llegué a la capital, con varios días en adelanto, por lo que aproveché de tomarme un merecido y laaargo descanso en la capital.



Colombia fue un país que amé, la gente amabilísima en todas sus formas, desde la atención en el supermercado hasta la gente en la ruta. No solo en el interior, como en gran parte de sudamérica, sino que también en Bogotá, su capital. Es el primer país en el que siento que a pesar de que pasé un tiempo considerable, me faltó recorrer más partes. Medellín, la costa caribeña...Lugares que algún día me prometí conocer.