2016/10/30

Ecuador: Costa, sierra y selva


Resumen: 7 de octubre de 2016 a 29 de octubre de 2016 (1.430 kms)
Inicio Tumbes (Peru).  Camilo Ponce (129 kms) – Guayaquil (149 kms) - Paseo Guayaquil (25 kms) – Cascol (97 kms) – Montañita (65 kms) – Machalilla (60 kms) – Manta (99 kms) – San Vicente (96 kms) – Pedernales (125 kms) – La Concordia (102 kms) – Mindo (93 kms) – Quito (65 kms) – Pifo (49 kms) – Baeza (80 kms) – El Reventador (75 kms) – Lago Agrio (100 kms) – Puente Internacional Frontera Ecuador/Colombia (21 kms)

Bienvenida a Ecuador
De los diez países “tradicionales” de Sudamérica, Ecuador era el que menos identificado tenía. Poco conocía de su historia, geografía y costumbres, pero tampoco quise informarme antes de entrar, sino más bien quería llegar sin expectativas y ver que tenía el país para ofrecer. Superó ampliamente lo que imaginaba.

Ecuador continental está dividido en tres grandes zonas, la costa (con Guayaquil como gran polo, ciudad más habitada y centro económico), la sierra (con Quito, centro político y capital) y la selva. La idea era en tres semanas conocer las tres zonas, atravesando el país de sur a norte y de oeste a este.


Con Masahito 
Recién atravieso la frontera y la primera anécdota. A pocos me encuentro en la ruta a Masahito Yoshida. Es un japonés que, después de 7 años, está a solo dos países de dar la vuelta al mundo caminando! Simplemente increíble.
Este tipo de historias da más fuerzas para seguir adelante, y que los sueños, cuando realmente se quiere, sí se cumplen.
Sesión de fotos de rigor, intercambio de contactos y pedaleo contra reloj (prometí a mi familia no volver a pedalear de noche), para intentar llegar lo antes posible a Guayaquil, primera ciudad de descanso.


Ya al llegar al largo puente que lleva a Guayaquil, se ve una ciudad que muestra su mejor cara. Un skyline donde se ven modernos edificios, rutas de primera y una ciudad muy viva. Ahí tuve mi primer paseo turístico en bicicleta en una capital, conociendo el centro de la ciudad y el famoso Malecon 2000, imperdible para quienes están de paso por la ciudad. 
Por lo menos dentro de Sudamérica, me he dado cuenta que afecta demasiado el tema de los desniveles de la ciudad. En La Paz o Quito como descubriría más adelante, es un verdadero suicidio salir con una bicicleta a recorrer, en cambio en Lima, Santiago o Guayaquil, es un agrado hacerlo.




Siguiente parada, Montañita. Era quizás lo único que había escuchado bien de Ecuador, balneario para mochileros por excelencia, hospedajes, cerveza y comida baratos. Justo lo que necesitaban mis piernas. Más aun, luego de que, ansioso por tener contacto con la naturaleza, elegí una ruta interior y casi sin tránsito para llegar, atravesando ríos y senderos donde difícilmente cabe un auto.
Así, alcancé Montañita. Lugar que efectivamente era lo que esperaba. Conocí gente de todas las latitudes (llego a darse una mesa donde estábamos los 5 continentes representados!), muchos con los cuales aún sigo en contacto, pero era el momento de partir, 3 noches fueron más suficientes para recargar las pilas.


Camino a Montañita

Así, seguí rodeando la costa hasta casi el último donde me era geográficamente posible tomar Quito, la ciudad de Pedernales, una ciudad que estaba en el suelo, pero intentando levantarse.
Ecuador sufrió en abril del 2016 un gran sismo, que dejó por tierra muchas ciudades, algunas turísitcas como Manta (donde pasé una noche) o el mismo Pedernales. Imposible no acordarse del terremoto que sufrimos el año 2010, pero acá creo yo que el daño fue mayor, ya que Ecuador no es un país que esté tan preparado como nosotros para este tipo de catástrofes. Sin embargo, la gente, reacia a dejar la ciudad y levantarla, me hizo ver en la ciudad montones de carteles del tipo “De acá somos y de acá no nos movemos”, algo que me recordó otro episodio de nuestra desgraciada relación con los desastres naturales, la erupción en Chaitén.
La costa, en particular Manta y Pedernales fueron
tremendamente afectados por el terremoto del 2016

El día que llegué a Pedernales será difícil de olvidar (aunque la verdad, recuerdo cada uno de los 129 días de viaje hasta ahora…aunque ese es otro tema). Al alcanzar un pequeño poblado antes de Pedernales y comprar agua, veo con espanto que no estaba mi billetera. Las tarjetas, el dinero, la cédula, la tarjeta de inmigración! TODO estaba ahí. Primera vez que las veo tan negras en el viaje. Pedaleando de vuelta por si ocurría uno de esos milagros que por lo general no ocurren, y al lado de un paso con harta gente, a un costado de la carretera, la encuentro. No soy creyente, pero hasta Buda recibió mis gracias.
Ya con 24 kilómetros perdidos, y resignado a pasar la noche en Pedernales, cruzo por primera vez la mitad del mundo. Mucho más sencillo que el monumento que se ve en Quito, pero alcancé el hemisferio norte. Pequeña celebración, ya que la noche se venía encima, y momento de encontrar alojamiento.
De Chillán al hemisferio norte en bicicleta!
El pueblo realmente estaba por el suelo, pocos y caros hostales. En eso estoy cuando un caballero con su familia me divisa y me dice que si bien no puede ofrecerme un cuarto, porqué había sufrido por el terremoto, podía acampar en su terreno. Además, me invitó a cenar y desayunar para pedalear bien al siguiente día.
Parece un cliché eso que la gente sencilla y humilde es la que más da, pero sin ánimo de profundizar en eso, lo he comprado desde el primer día de mi aventura donde tuve que acampar en Cobquecura.


Ya acabada la etapa de la costa, tenía que subir a Quito, a la sierra.
En Ecuador, a pesar de ser un país tan pequeño, existe un gran regionalismo, en particular entre Costa (Guayaquil) y Sierra (Quito), incluso el acento es distinto. Por lo que el paso a la sierra, no era solo un cambio geográfico.
Al llegar a Quito veo una ciudad que me recordó una mezcla entre La Paz (por sus desniveles) y Cusco (en particular, por el tipo de construcciones en su centro histórico). Linda ciudad, paseo obligado “La mitad del mundo”, donde pasa la línea del Ecuador y visita al caso histórico de la ciudad.
La mitad del mundo, la línea del Ecuador

3 noches fueron más que suficientes en la ciudad, y se venía un nuevo desafío. Llegar a la zona amazónica del Ecuador. Para esto debía atravesar (por 3ra vez en el viaje) la cordillera de los Andes, y superar así la cota 4.000 por enésima vez. Con las piernas recuperadas, lo pude hacer en dos días. Hermosa vista al llegar, un verde que asombra y que se extiende por toda la línea de visión. La selva fue así la última parte del Ecuador. Durísimo clima, lluvia todos los días, humedad sofocante, pero como siempre, compensado por los hermosos paisajes, y en la selva en particular, por la amabilidad de la gente.
Así finalizó Ecuador, un país lleno de magia, un país pequeño, pero que no necesita grandes extensiones de km2 para tener tanto que ofrecer a quienes los visitan. Siguiente parada…Colombia!