2016/02/16

El Proyecto & La Meta

Desde que tenía 5 años, y quizás antes de aprender a leer, ya me sabía todas las banderas del mundo, sin excepción. Cada vez que veía un mapa me imaginaba grandes viajes, conociendo lugares recónditos e inexplorados, visitando los, en ese entonces, recién independientes países de las repúblicas soviéticas o lugares que muchos ni siquiera asociarían a un nombre de un país, como Botsuana.
"En serio hay un país que se llama Botsuana" recuerdo me preguntó mi mamá.
"Sí mamá, tiene una bandera celeste con negro y queda 'arriba' de Sudáfrica", le respondía orgulloso.
Esa curiosidad que ya a los 7 años me hacía preguntarme porqué la bandera de Ruanda ni la de Sudáfrica eran iguales que hace un par de años (Genocidio y Apartheid de por medio), me llenó de un fuego interno que me hizo tener la necesidad de explorar cada lugar posible del mundo y su gente.
Pero llegó el colegio. Y empezó la maquina educacional que te forma como un robot. No había tiempo para sueños ridículos. Había que estudiar en el colegio, sacar las mejores notas para ingresar a la mejor universidad, tener un buen trabajo y casarse para tener hijos.
"Si estudias mucho, podrás viajar donde quieras en tus vacaciones". Claro, tres semanas de vacaciones sobre cincuenta y dos. Negocio redondo viendo como pasa mi vida sentado frente a un computador, visitando con suerte un par de puntos turísticos para volver a la cárcel voluntaria que era la oficina.
Carajo, yo no quería ser turista, quería descubrir cada metro del mundo, no turistearlo, vivirlo! No iba a apagar ese fuego siendo turista, tenía que ser viajero.
Esa máquina educacional logró contener el fuego que tenía cuando era niño y veinte años le duró. Pero después revivió de las cenizas y con más fuerza que nunca.
No solo he conocido países, idiomas, amistades y amores, sino que he aprendido a vivir tan hermosamente desapegado de lo material y a disfrutar con ganas cosas que daba por sentadas como una cama o una ducha caliente...
Cada vez que miro hacia atrás y recuerdo alguno de los tantos países visitados hasta ahora, me lleno de una alegría única recordando alguna de las cientos de anécdotas. Pero cuando miro hacia adelante, y todo lo que me queda por explorar...es imposible no dejar que una sonrisa se escape.



El proyecto

El proyecto comenzó a hacerse realidad el día 11 de junio del 2016, luego de un par de años de planificación.
La idea es simple, dar la vuelta al mundo en bicicleta en un viaje con fecha de inicio, pero sin fecha de llegada. Una experiencia llena de aventuras, gente, amistades, amores, sabores y libertad.
Como me gusta llamarlo, el viaje de mi vida.
La meta corresponde a:
-Pedalear cada uno de los 5 continentes en bicicleta,
-Visitando por lo menos 58 países en total,
-Recorriendo más de 41.000 kms, que corresponde a poco más del largo del Ecuador terrestre, la circunferencia más larga que se puede realizar rodeando al planeta tierra,
-Avanzando en sentido Oeste-Este, literalmente rodeando el globo terráqueo,
-Todo esto comenzando y terminando en mi amada tierra, en Chillán, al sur de Chile.












Él y ella.

Él es Carlos.
De 29 años al momento de iniciar el viaje. Ingeniero, chileno y chillanejo.
Amante de Ñublense, la cerveza, la aventura y la libertad. Sobre todo la libertad.


Ella es Libertad.
Bicicleta todo terreno, equipada con dos alforjas laterales, un bolso trasero y un canasto delantero, donde cabe todo lo necesario para sobrevivir por unos cuantos años viajando.
Mi amada compañera de sueños, que no le tiene miedo a absolutamente nada.