• La Ruta

    Resumen de la ruta bicicleteada hasta ahora y la proyectada...

  • Ruta Nórdica: Parte II

    Segunda parte de la ruta nórdica. Islas Feroe, Dinamarca, Suecia y Finlandia

  • Islandia. Tierra de Fuego y Hielo

    Primer país de Europa. La lejana Islandia

2017/11/03

Pueblos Bálticos

Rozeje. Primera parada en Letonia.
Luego de más de dos meses de descanso en Rusia, volví al ruedo. Era hora de volver a entrar a la Unión Europea, o simplemente "Europa" como le dicen rusos.
Los primeros países a atravesar eran Letonia y luego Lituania, los pueblos bálticos, ex repúblicas soviéticas. Si bien también podría considerarse Estonia como parte de las tres "repúblicas bálticas", este último país está ligado culturalmente más a Finlandia y los países nórdicos que ha los bálticos, con un idioma incluso con una raíz distinta. Por este motivo me lo salté; sentí que hacerlo visitado hubiera sido volver un poco atrás en el viaje y revivir lo que fue la ruta nórdica. Con esto en cuenta, me centré en estos dos países solamente.

Mientras Letonia lo decidí cruzar por el interior, alejado de su capital Riga, Lituania lo iba a hacer llegando a su capital Vilnius. Esta última era quizás la menos turística de las tres capitales bálticas, pero por algún motivo me llamaba la atención.
Para ser sincero, no me sentía inicialmente atraído a estos dos países, los hacía simplemente porque estaban a medio camino entre la Europa Occidental y Rusia. Pero como ha sido la tónica en el viaje, cuando menos espero algo de algún lugar, casi siempre termina por encantarme.
Gracias por todo Rusia. Hora de entrar a la Unión europea


La frontera de Rusia con la Unión Europea, siempre será una frontera relativamente "tensa". Sin embargo, el único problema que tuve al atravesarla no fue un guardia ruso de mal humor o el ingreso a la Unión europea. Sino un ataque que recibí los últimos días, en particular la última noche en Rusia. Los mosquitos. No exagero cuando digo que en mi vida había visto tantos reunidos y a pesar de estar cubierto como para ir a la guerra, los pocos centímetros cuadrados de piel expuesta se los devoraron.
Ya en la frontera eso si, me pidieron botar una cajita de leche que compré en Rusia producto del embargo de los países europeos a este país.
En verdad podría afectar la situación geopolítica una cajita de leche? Poco me importó y mientras el guardia se dio media vuelta, escondí la leche y entré con "contrabando" a Europa, jeje.

Días antes de llegar contacto a Vita, Letona que vivía en una ciudad pequeña relativamente cercano a Rusia si me podía alojar. Encantada me aceptó y por si fuera poco, además me invitó a comer con sus amigas.
Muchas de ellas entre broma y broma, se quejaban de los pocos hombres que había en el país, y claro, la proporción es aun más grande que en Rusia.
Ahí tuve mi primer baño del país. Me llenaron de comida del país y conversación donde me contaron sobre la relación con los otros estados bálticos y sus diferencias. País donde si bien comparten con Lituania la misma raíz lingüística, no se entiende casi nada entre una lengua y otra, y que a pesar de ser menos de 3 millones de habitantes, están llenos de dialectos entre ellos!

Mientras alistaba mis maletas para irme y cruzar el país, ya pagado con lo que había sido mi experiencia en el país, Vita me pregunta si me interesaría ir al pueblo de Aglona, donde una amiga me podía recibir. Coincidentemente ese día era la celebración de la Asunción de la Virgen, y allá la celebración era "con todo". Sí, hasta el presidente llegaba a la celebración y medio país se movilizaba a un pueblo muy pequeño. Por supuesto que accedí y partí esa misma mañana rumbo al pueblo, a solo 60 kilómetros de pedaleo.
Camino muy rico y lleno de verde que alegró mi paso. Sin embargo más tarde vería ese verde desde los cielos...
Todo el interior de Letonia con un verde que cautiva.
En Anglona, un pueblo que para esta fecha estaba a tope de gente; literalmente personas durmiendo en carpas al lado de la calle. Ahí me reciben sus conocidos, y mientras armo mi carpa, se acerca Artur y su familia, los dueños de casa que me invitan a comer. Les explico que no, la verdad no quería molestar, pero un no es casi una ofensa.
Me hicieron probar todo tipo de vino, cerveza y quesos letones, incluso me hicieron un reportaje para un medio local que algo de gracia me causó, ya que se referían a mi como "Peregrino de visita por la celebración". En fin, de religioso nada tengo, pero sí que era una celebración que tenía ganas de ver. Debe haber habido un importante porcentaje del país solo en ese pueblo, hace mucho que no veía tanta gente reunida.




Al día siguiente hora de partir, pero antes, Artur me pregunta si quería ver Letonia desde el cielo.
"Qué? Desde el cielo?"
"Sí, tenemos un amigo que tiene una avioneta. Nos cobra solo un monto simbólico, 10 Euros a los amigos. Así que eres bienvenido."
Así, pude ver esos paisajes verdes que aparecieron en mi pedaleo, ahora desde el aire.
Al despedirme de Aglona, de Artur y su familia, partí hacia mi último destino en Letonia, Daugavpils.

Letonia desde los cielos
Aleksandr me esperaba. Y fácil fue darme cuenta que parecía estar de vuelta en Rusia. Todo estaba en ruso en las calles. Incluso Aleksandr hablaba en ruso, al igual que el 90% de la población de la ciudad.
Antes, como broma me decían los Letones que se sentían como extranjeros en su propio país, pero claro, es entendible encontrar tantos rusos, ya sea atraídos por los empleos como los que han vivido ahí toda su vida, desde antes de la separación de la URSS.
Aleksandr fue de esos viajeros con los que se puede estar horas y horas hablando. Me habla de un país (que probablemente ya conozco o conoceré en el viaje) y le respondo con otro. Mil anécdotas de viaje y me convenció de visitar algunos países en disputa, como el Nagorno Karabakh.
En fin, Letonia fue de esos países donde en tan pocos días, pude extraer gran parte de su magia.
Un país pequeñísimo que me sorprendió en tan solo unos pocos días. Era hora ya sin embargo de visitar a su país hermano, Lituania.
Simples monolitos. Las fronteras dentro de la unión europea no son más que eso.
Pedaleando hacia Lituania intentaba ilusamente alcanzar la capital Vilnius antes del atardecer en un solo día. La parada de dos meses y medio en Rusia se comió gran parte de mi estado físico, hace mucho que no pedaleaba con un ritmo tan bajo, así que me di cuenta que era mejor acampar en alguna parte antes de la capital.
Un par de horas antes de esconderse el sol, me encuentro con un pedalero en el camino, Nandor de Rumania, quién estaba viajando a su casa desde Londres.
Nando a pesar de ser rumano, se considera también como húngaro. Era de la minoría húngara de ese país, al lado de Transilvania; él es incluso la primera persona de ese país que conozco de hecho.
Hace tanto que no compartía con un pedalero. Acampando en una especie de bosque, me tocó uno de esos hermosos atardeceres, la infaltable cerveza, para luego nadar hasta una de las tantas islas donde entramos en contacto con la naturaleza.


Al día siguiente Vilnius. Todos me decían antes de llegar...porqué elegí Vilnius como checkpoint.
Me advirtieron de lo poco turístico que era (cosa que para mi es un plus); pero más allá de eso, la encontré bastante plana en un comienzo. Fue como un flashback a lo que fue Belmopán en Belice, una de las capitales más aburridas que he visitado en mi vida.

Vilnius en 4 escenas
Sin embargo con el correr de los días le días le fui encontrando la magia a esta ciudad de no más de 500 mil habitantes. A sus pasadizos y barrios. A su historia tan única, su anexión forzada a la unión soviética. A su cultura y comida. A su bohemio barrio de la "República de Uzupio" (mitad en broma, mitad en serio con constitución y bandera propia), su infinidad de iglesias, su arquitectura y sus "ángeles escondidos" a lo largo de la ciudad. Pero en particular, a una persona que me hizo quedarme más tiempo del pronosticado. Eso último quizás sea historia para otro capítulo.
Luego una semana en la ciudad, el destino era Polonia, la cuna de Juan Pablo II.

Mientras intentaba salir de Lituania y a pocos kilómetros de la frontera con Polonia, me pilló la noche. Al despertar veo que la rueda la tenía pinchada. No hubiera sido problema si no es por el hecho que además amenecí con la bomba de aire mala. Quedé botado en medio de la nada, donde demonios iba a encontrar una bomba.
Caminando de vuelta a alguna ciudad grande, a por lo menos 3 horas a pie, me encuentro en un pueblo a unos lituanos. Al verme con la bicicleta rota arman entre todos un adaptador artesanal y con una bomba de autos. Jornada salvada. En pocas horas ya estaba en territorio Polaco.

Últimos kilómetros de pedaleo por Lituania..

...Hasta llegar a Polonia.
Hasta pronto Lituania. Al parecer hasta más pronto de lo que pensaba...

Un poco de historia:
11 de marzo de 1990.
Independencia de Lituania de la URSS y Chile vuelve a la democracia.
Un lindo día para el mundo.

2017/10/14

Rusia



Rusia. El país más grande del mundo frente a mis ojos. Después de casi un año de pedaleo, se dieron las condiciones justas para hacer de este país una parada que sin querer se extendió en casi dos meses y medio. La razones sobraban; estaba la Copa Confederaciones que iba a jugar Chile, el hecho que los sudamericanos (a diferencia de europeos y estadounidenses) no necesitamos visa (y por 90 días!), el mes de Junio que es lo poco de verano que tiene este país en el norte, lo cansado que me encontraba, el hecho que necesitaba salir de la eurozona por un período largo para volver a tener 90 días de visa en Europa, lo hermosa e importante de la ciudad de San Petersburgo, la segunda en importancia del país y su capital cultural y, principalmente la verdad, la abismal diferencia de precios con los países de donde venía pedaleando.



Al cruzar el hito que indica que me encontraba en Rusia, estaba a los pocos kilómetros inmigraciones. Una larga fila de, en su mayoría, rusos o finlandeses. Intentaba llenar la hoja de inmigración válida para Rusia y Bielorrusia (luego me enteraría del estrecho vínculo entre ambos países), pero me doy cuenta que...no sabía escribir en cirílico!, el alfabeto usado en Rusia. Hice lo mejor que pude las "я", las "ш" y otros símbolos, escribiendo direcciones y nombres de hostales, pero parece que no fue suficiente para el guardia de turno.

Al contrario de lo que fue mi salida de Finlandia y mientras acá todos pasaban en menos de 2 minutos, me tocó esperar largo rato mientras hacían llamadas de un lado para otro, me miraban con cara de sospechoso y me preguntaban por los timbres de mi pasaporte en un horrible inglés. Supongo que en el aeropuerto de Moscú o San Petersburgo no es problema encontrarse con un pasaporte sudamericano, pero pasar por una frontera terrestre, desde 'Chile' (dónde quedará eso deben haberse preguntado) cruzando por Europa...y en bicicleta! Daba para sospechar a un país en extremo celoso con su seguridad nacional.
Mientras revisaban hoja por hoja mi pasaporte con luces UV e incluso una lupa, luego de inspeccionar mis maletas, por fin me dejaron entrar. Después sin embargo me entero que esto que fue una mala anécdota pudo haber terminado en algo horrible, ya que uno de los medicamentos que tenía en caso de emergencia o accidente y que justamente tenía en el compartimiento de mis pasaporte, acá era considerado una droga ilegal. Hermoso final hubiera sido terminando en una cárcel rusa o deportado a Chile...
En fin, estaba ya libremente en territorio ruso.


En mis primeros momentos luego de traspasada la frontera le pregunto a un camionero, que no olvidaré una especie de chapita que imagino era su nombre, y que decía "Dimitri", si me podía tomar una foto con un cartel de bienvenida a Rusia.
Me miró por 5 segundos con una cara de perro y se dio media vuelta sin dirigirme la palabra.
"Dónde me vine a meter!" me preguntaba, quizás tenían razón muchos de los europeos que me advertían de Rusia. Pero como siempre me dije, jamás me iba a llevar por esterotipos ni primeras impresiones.


Rápidamente en el pedaleo antes de llegar a San Petersburgo (y también al salir de la ciudad) me di cuenta del radical cambio con Finlandia y en general los países nórdicos. Creo que ha sido el cambio más fuerte entre países contiguos en lo que va de mi viaje después de lo que fue Cuba-USA. Carreteras de tierra en mal estado, casas cayéndose a pedazos y fábricas abandonadas. Esa era la "verdadera Rusia" según me comentarían luego a diferencia de San Petersburgo, una ciudad por y para el turismo.


La Rusia profunda

Dada su cercanía con Finlandia, solo dos días me tomó llegar a San Petersburgo. Fue amor a primera vista con la ciudad. Si bien es un desastre para pedalear (como toda Rusia, donde no existe una cultura de la bicicleta), es una ciudad que enamora, siendo su centro histórico patrimonio de la UNESCO.
Por lo demás, en este viaje he descubierto que las ciudades que más me agradan son esas que tienen una población con entre medio millón y un millón de habitantes. Ni tan grandes como una metrópoli ni tan pequeñas, donde hay de todo al alcance de la mano.
No averigüe cuántos habitantes tenía la ciudad antes de llegar. Cuando me dijeron que eran más de 5 millones lo podía creer.
En todo mi viaje nunca había visto eso. Era un efecto entre lo acogedora de la ciudad, sin edificaciones grandes y una ciudad muy amplia y poco densa. A simple vista parece con suerte una ciudad de 1 millón de habitantes, pero no...

Los canales que abundan en la ciudad, por algo es otra más de las llamadas "Venecia del norte".




Vistas de San Petersburgo
Punto aparte merecen las mujeres de este país y en particular de esta ciudad. Era comentario obligado para todos quienes llegaban a la ciudad. Parecía una especie de pasarela al aire libre, las mujeres más hermosas que he visto en mi vida, pero que para los rusos ya parecían parte del paisaje.
"Pero mírala, si es hermosa!" Les decía a mis amigos rusos.
"Mmm, normal no más" me respondían. No lo podía creer.
Ese, como lo bauticé "síndrome Rusia" efectivamente dura un par de semanas, y luego pasa a ser parte del paisaje. "Hay que guardar este secreto" me dijo un francés. Aunque de secreto tiene poco, prefiero compartirlo con el mundo.
Palacio de Petergof, en las afueras de San Petersburgo

Los atardeceres de fuego de San Petersburgo. Cada día, nublado o despejado se armaba un espectáculo natural donde se mezclaba el rojo del cielo junto a sus canales. Después de pasar por este país, ya ningún atardecer vuelve a ser lo mismo. 



Mi primera intención era quedarme un mes, arrendando una pieza cerca del metro Technolovisky Institute, justamente el metro que hace no más de dos meses había sufrido un atentado terrorista de ISIS, muriendo decenas de personas. Por ese motivo, como anécdota, entrar al metro era casi como entrar al aeropuerto con detectores de metales y guardias al por mayor.
Una de la razones más importantes de quedarme acá gran tiempo, eran los precios. Gracias a la devaluación del rublo hace un par de años, detallada por el conflicto con Ucrania del 2014, el alojamiento, la comida y la vida en general era muy económicas. Una pieza céntrica por un solo mes, no salía más de 300 dólares, el metro por casi medio dólar y se podía comer fácilmente por uno o dos dólares.



Tal y como en México, acá es poco lo que puedo comentar de la bicicleta y el recorrido, ya que esta fue una especie de pausa dentro del viaje. Sin embargo, en estas paradas largas es donde más profundamente se puede llegar a conocer el país. Así, fui durante dos meses, un residente más de Rusia.

Empecé mi pedaleo el 11 de junio del 2016, y un año después, la vuelta al rededor del sol me pilló en esta parada. Además, fue acá donde cumplí mis 30 años. Fue hermoso tener este tiempo para mirar atrás y recordar todo lo que había sido este hermoso año, además de recibir saludos de más de 30 países distintos.

Una de las anécdotas más grandes de mi paso por acá fue antes de la final de Chile. Mientras me alistaba a ir a ver a Chile, me llama la hermana de uno de mis mejores amigos. Me querían hacer una reportaje para Emol, el más leído diario electrónico de Chile. Luego de este reportaje, y como tengo hasta la marca de mis calzoncillos en mi página para ser ubicado, como nunca empezó a sonar mi teléfono, sin exagerar, más de 100 mensajes por leer cada 5 minutos al viralizarse. Quería promocionar el viaje, pero por un momento se salió algo de las manos tanto. En fin, fue agradable recibir tantos mensajes de apoyo, saliendo en algunos periódicos locales e incluso recibiendo una llamada de RT (ex Russia Today) para una noticia.

Final Chile - Alemania, copa confederaciones.
A pesar del fervor en Chile, acá los rusos con suerte sabían que había una copa. Se burlaban de "lo mala" que es su selección (a pesar que es relativamente competitiva). El hockey, al igual que en Canadá, su archirival, es el deporte que mueve masas.
El idioma sí que fue una barrera. Si bien hay gente joven habla el inglés, es muy difícil comunicarse en ese idioma con la gran mayoría de la población. Por este motivo, dediqué gran parte de mi tiempo apenas llegué a aprender un ruso por lo menos de "supervivencia". Idioma complicadísimo, considerando que antes de empezar a aprenderlo, hay que aprender a transliterarlo (pasar de símbolos cirílicos, a nuestro alfabeto latino). Hasta el día de hoy, luego de un par de meses en esto, sigo leyendo como un niño de 5 años sílaba por sílaba.
Sin embargo me sorprendió, por lo menos a nivel de jóvenes con educación media o alta, el nivel de conocimiento del español. Muchas veces me sorprendieron hablándome en un muy buen español; existe cierta idealización del sur, en particular a España, tanto por el clima como por la calidez de su gente. No por nada los rusos son los mejores clientes de las inmobiliarias españolas, sobretodo en sus playas.
A mi derecha Juan Andrés (Colombiano) y Asya (Ucraniana-Rusa). Dos de mis grandes compañías en el país.

A pesar de todas las barreras, y en parte gracias a Sandra, profesora de español en Rusia que me fue quién me introdujo al principio al país, su gente, su comida y sus costumbres, pude entender mejor y hacer conexión con la gente de acá.
La comida rusa por ejemplo está muy influenciada por los países vecinos que antiguamente pertenecían a la antigua Unión Soviética.
Como ejemplo dos de los platos más típicos del país, a la izquierda el Борщ (Borscht), originario de Ucrania. Es una sopa de remolacha y (semi) en broma dicen que el como una mujer lo prepara, va relacionado con su carácter o como es como esposa.
A la derecha mi amado ხაჭაპური (Jachapuri) originario de Georgia, otra de las repúblicas satélites de la URSS. Masa rellena de queso fuerte con huevo. Bomba calórica que me hizo ganar un par de kilos, pero increíblemente delicioso.

Sobre el ruso y su carácter, lo primero que debe ser dicho es que si bien no es de piel como los latinos, sí se puede llegar a conocer no solo superficialmente. A diferencia de muchas partes del resto de Europa, donde es difícil hacer conexión a la primera, acá sí se puede hacer. Puedo decir de primera fuente lo injustificado de ese miedo o miramiento en menos al ruso, la llamada "Rusofobia" del resto de Europa, donde los dilemas políticos se los traspasan a la población. En Rusia jamás escuché una palabra en contra de "Europa" (a pesar de estar geográficamente también en Europa, se refieren siempre como Europa a todo lo que está al oeste de sus fronteras), sino por el contrario siempre una admiración.
Hablando de política, imposible no hacer una especie de encuesta sobre su temido-amado-carismático líder Putín. Acá realmente existe una admiración genuina por el presidente, donde se percibe como un líder protector. Podría decir que el 70% de la población tiene una opinión favorable o por lo menos neutral con Putín, teniendo MUY en claro los, digamos, sus "puntos negros". A diferencia de USA donde prácticamente cada una de las personas "de a pie" a quienes les comentaba del tema me daban su opinión negativa de Trump (desde payaso hacia arriba), acá no ocurrió eso.
Volviendo el tema de Europa, muchas veces incluso me (antes y luego de pasar a Rusia) me hicieron comentarios sobre lo peligroso que era el país, sobre la delincuencia. La verdad es que caminar de noche por San Petersburgo lo sentí tan o más seguro que hacerlo por ejemplo en Munich, por lo que como cualquier ciudad grande, había que tener resguardos básicos, pero absolutamente nada del otro mundo.
A pesar de la apertura actual Rusa, aun existen muchos símbolos de la era soviética. Si bien con casi todos los jóvenes con los que hablé, la ven como una era pasada a la que no desearían volver, los más adultos la recuerdan con nostalgia como un período donde "no les faltaba nada".
Eso sí, y creo se debe un poco a lo cerrado del régimen soviético y el relativamente poco tiempo que llevan abiertos al resto del mundo, encontré una sociedad muy conservadora y con niveles altos de racismo, por ejemplo con los rusos caucásicos que vienen a buscar trabajo a la zona "rica" del país (por lo demás uno de los países más desiguales del mundo). Ni hablar de los derechos a marchar de los homosexuales por ejemplo, donde se les prohíbe bajo el pretexto que es por su seguridad.
Celebración del día más largo de año. Foto tomada a las 1 de la mañana, donde prácticamente no hubo oscuridad.
Las llamadas "noches blancas" de San Petersburgo son un espectáculo, pero al mismo tiempo es dificilísimo hacer una rutina cuando la noche y el día mezclan.
El clima de la ciudad merece un párrafo aparte. Y no, no me refiero a la temperatura, ya que estuve en "verano", y las temperaturas eran más que aceptables.
Llegué en medio de las "noches blancas", y tal como en el resto de los países del norte, que bordean con el paralelo 60º (o sobre él), el tema de la luz es caótico. En invierno, prácticamente no tienen luz del sol y en verano, no hay casi noche.
Salir del pub o disco a una decentes 2am, pero tener al sol encima tuyo, te hacía sentir el tipo más borracho del mundo, sumado al hecho que es imposible dormir así. Desarrollé unas hermosas ojeras marrón profundo mientras estuve acá, durmiendo algunos días 16 horas diarias y otros 4. A veces no dormía o a veces pasaban 3 días y dormía solo 2, mezclados con un montón de siestas.
Adiós querido San Petersburgo!
Desde México que no me había sido tan duro dejar una ciudad. Es el peligro de estas paradas largas. El "gitaneo" en mi bici, moverse constantemente de un lugar a otro, impide generar lazos tan profundos con lugares, pero al quedarse tanto tiempo en un solo lugar, es imposible no hacerlo. Al fin y al cabo, somos seres humanos donde por naturaleza buscamos el arraigo y el afecto. Así, por segunda vez con lágrimas, llegó la hora de partir. Había que volver a Europa...


Pedaleando nuevamente por la "Rusia profunda", y mientras tomaba desayuno en un poblado de no más de 100 personas, me habla un tipo. De mi primitivo ruso, le entendí"Ti Est". Al parecer me estaba invitando a comer.
"No, no gracias! Estoy en mi desayuno". Mientras balbuceaba eso, tomaba mis cosas para llevarlas a su casa, no había espacio para un no.
En su casa, con los niños al rededor me presenta a su amigo Armenio. Él era Alexandr.
Me sirve un almuerzo, con casi puras verduras y carne producidas en su hogar. Mil gracias le digo.
Comiendo noto que están tomando "un par de copitas" en la mañana. Una botella entera de vodka y 4 litros de cerveza para ser más exactos.
-"Tan temprano bebiendo Alexandr?"
 -"Es para empezar el día con energía, prueba uno"-
-"No, grac..." -Cuando ya tenía el vodka frente a mi. "Ok, solo uno".
Como no me canso de repetir, odio un poco eso de los estereotipos, pero sí. Es verdad. Acá se bebe mucho. Mucho. Fueron sin ir más lejos los dos meses más borrachos de mi vida.
-"Mil gracias Alexandr! Con esto tengo energía para todo el día"
-"No, falta el último Vodka"
-"No puedo decir que no, cierto"
-"No".
-"Ok".
Luego del último vodka y dos días de intenso pedaleo, llegué a Letonia. Nuevamente en la zona euro. Hasta el día de hoy, pasados casi 5 meses de mi llegada que recuerdo con nostalgia este lugar.
Desde Rusia, con mucho amor. Gracias por todo mi querida Rusia, nos veremos nuevamente.

Las tumbas a los caídos en la II Guerra Mundial. Como en toda Rusia, país con más muertos de la guerra, se encuentran estos Memoriales en cada ciudad o pueblo.

Adiós Rusia! Que venga Letonia




2017/08/19

Ruta Nórdica Parte II


Inicio: 3 de mayo de 2017 - Fin: 28 de mayo de 2017
Países: Islas Feroe - Dinamarca - Suecia - Finlandia

Islas Feroe

Navegando hacia las Islas Feroe
Luego de Islandia, me encontraba sobre el barco que me llevaría hacia Europa continental, con Dinamarca como puerto de llegada. Sin embargo faltaba antes una pequeña escala: las Islas Feroe.
Creo que después de Islandia, las Islas Feroe era el país que más me llamaba la atención de los países nórdicos. Tenía las expectativas altas considerando que es un destino poco frecuente y poco explorado entre viajeros; es además uno de los países menos poblados del mundo (algo así como 50.000 de personas en el conjunto de islas) y uno de esos particulares casos de ser un país no independiente, ya que es un país autónomo del Reino de Dinamarca. Podría resumir esas ganas de visitar el país en esa atracción a lo desconocido, que al fin y al cabo es el motor del viaje.
A diferencia de Dinamarca como escribiré más adelante, superó con creces lo esperado.


Arriba del barco, junto a Hafsteinn nos hicimos de inmediato amigos de un puñado de Feroeses.
El barco es una de las pocas conexiones del país con el resto de Europa, y por eso estaba lleno de ellos. Como broma decíamos que el 1% de la población del país estaba en la nave, y claro, no errábamos por mucho.
Considerando que moría de ganas de entablar conversación con personas de este recóndito país, me cayó como anillo al dedo la situación.
Esperaba algo parecido al islandés en ellos, de carácter más reservado...pero no. ¡Que hermosa sorpresa me llevé! Era la gente más alegre que he visto en mucho tiempo. Y claro, las cervezas que nos habíamos prometido para celebrar el cruce de Islandia se transformaron rápidamente en varios brindis de vodka y cerveza feroesa, auspiciado todo por nuestros nuevos amigos.
Me contaron de todo de su país, como las grandes diferencias que tenían con Dinamarca y el fuerte movimiento independentista en la zona, si incluso se sienten más cercanos con Groenlandia (el otro país que compone el Reino de Dinamarca) que con la propia Dinamarca. Sin embargo a pesar de tener moneda (aunque con paridad a la corona danesa), cultura, e idioma propio (incluso más parecido al islandés que al danés), siguen siendo estrechamente dependientes de Dinamarca, principalmente debido a lo pequeño del país y por los lazos históricos que los han ligado.


Primeras vistas de las Islas Feroe
Mientras navegábamos, veía como empezaban a aparecer la islas. Era demasiado surreal, parecían sacados de un cuento, con sus formas puntiagudas y acantilados.
Ya avisaban por los parlantes que podíamos desembarcar. Hora de pedalear el país más pequeño y exótico, que había estado en mi vida, estábamos en Tórshavn, su capital.
Tórshavn, capital de las Islas Feroe. Es una de las capitales menos pobladas del mundo con menos de 20.000 personas.



La primero que llama la atención a cualquier que visite las islas, además de sus hermosos paisajes, es la cantidad de ovejas que hay! Existen literalmente más ovejas que habitantes, es lo más normal del mundo encontrárselas en cada rincón del país, incluso cerca del centro de su capital.
Ese día me enteré el nombre del país viene de "Føroyar" en feroés, o algo así como la Isla de las Ovejas. Pronunciar "Føroyar" en todo caso fue una tortura. Debo haber perdido una hora intentando aprender los fonemas en feroés con mis profesores improvisados en el barco...pero bueno, no nos desviemos. Estábamos en las islas con Libertad!






Las Islas Feroe, con solo algunos grados de latitud más al sur que Islandia, si bien no era el caribe, en comparación con Islandia, para mí lo parecía.
Lo único malo fue el poco tiempo que estuve en la isla. Además, el pedaleo fue más duro de lo que pensaba (a pesar de ser el primer país en pedalear sin alforjas), ya que lo montañoso del lugar no me permitió recorrer cada rincón como lo tenía considerado inicialmente.
Aun así, visité los puntos más relevantes cerca de la isla mayor, donde está ubicado Tórshavn.
Creo que es el único país nórdico al que sí volvería, lo sentí tan único, tan inexplorado, tan real, no invadido aun por el turismo de masas, ese que arruina la esencia de los lugares, que me encantaría pasar a futuro un par de meses ahí.

Despedida de Tórshavn.
Atardecer en Tórshavn, y hora de partir de las islas. Ya arriba del barco y casi al momento de zarpar se acerca Magnus, un chico Danés con el que me tocó compartir cuarto. Por lo general soy bien abierto a entablar conversación, pero estaba destrozado luego de pedalear por las islas. En eso estábamos conversando, yo dando lo mejor de mí para no parecer descortés, hasta que menciona la frase mágica: "Vamos, te invito a unas cervezas".
Carajo, ¿tanta cara de borracho tengo? me pregunté. En fin, vamos.
Resultó ser un tipo demasiado entretenido y amable, justificando ese estereotipo de amabilidad del danés, algo parecido al canadiense. Magnus por lo demás, tenía un aire a mi fallecido tío Juan Enrique, mayor razón para hacernos amigos.
Trabajaba en las islas para una especie de taller artístico de pinturas, y claro, tenía ese toque de locura que tiene toda persona con la que entablo amistad.
Similar a lo que pasó con los Feroeses, me contó todo sobre el país, dándome consejos y lugares a visitar. ¿Tendré siempre esa suerte de conocer la persona precisa que me ayude en cada país a explorar? No lo sé, pero ojalá no se acabe la racha.

Yo (izquierda), Magnus (centro) y Hafsteinn (derecha). Atardecer camino a Dinamarca.
De los países nórdicos, Noruega fue el único que no visité. Sin embargo, mientras navegábamos sus costas rumbo a Dinamarca, el país me regaló un hermoso atardecer.

Dinamarca 

¡Tierra a la vista! Por fin Dinamarca, el país número 19 del viaje y mi tercer país nórdico luego de Islandia y las Islas Feroe. Despedida con Hafsteinn que comenzaba su propia aventura sobre ruedas y de Magnus, que volvía de visita a su país.

Dinamarca, el país de las bicicletas. Lo primero que me llamó la atención es que desde el momento que me bajé del barco, es que en junto con la carretera para autos existe una especial para bicicletas en paralelo. Por que allá se tomaron muy a pecho el asunto de la bici y todo el país está conectado no por ciclovías, sino por "carreteras" para bicicletas, todas señalizadas. Así, el pedaleo en uno de los países más planos del mundo, con un clima increíble (el país más sureño del conjunto nórdico), gente amable y que mejor, con carreteras propias sin tener que lidiar con los autos, fue en extremo fácil...
Carreteras inmensas para bicicletas que conectan absolutamente todo el país.
Simplemente Dinamarca.
...Quizás todo era fácil hasta el punto de llegar a ser aburrido.
El plan original era llegar hasta la capital Copenhague pedaleando hacia el sur para tomar el ferry de conexión hacia Suecia. Luego de llegar hasta Aalborg, una de las ciudades más importantes de Dinamarca, pero recién en la entrada norte del país, por primera vez en el viaje, sin motivo alguno, simplemente me aburrí del país. No puedo decir que era su gente, porque eran en extremo amables, ni por las dificultades del camino, ya que hasta viento a favor tenía. Simplemente hubo algo que no me hizo hacer "click" con Dinamarca, no fui capaz de tomarle el pulso al país. No me cautivaron ni sus hermosos paisajes llenos de amarillo, ni su país diseñado para bicicletas. ¿Será que quedó la vara muy alta luego de Islandia y las Feroe? Quizás sea eso, sumado a que la cuota de masoquismo que siempre debe estar presente. Cuando todo sale demasiado bien, me aburro.
Así, luego de una noche en Aalborg, decidí a la mañana siguiente devolverme hacia el norte y hacer la conexión hacia Suecia, pero en vez de empalmar Suecia en Malmo, hacerlo en Gotemburgo, segunda ciudad en importancia de ese país.

Puerto de Frederikshavn

Pedaleando hacia el norte, debía estar en dos días en el puerto de Frederikshavn, antes de las 14:00 para alcanzar la conexión hacia Suecia.
Llegué tarde y perdí el ferry, quedando varado en una ciudad donde no conocía a nadie ni tenía planificado quedarme (aunque en el fondo sé que una risa malvada y cómplice dentro de mí me decía "¡por fin problemas!"). Era escaparme fuera de la ciudad, acampar afuera y regresar al día siguiente, o bien, intentar conseguir alojamiento desesperadamente en el puerto con alguien de buena voluntad, ya que una hostal, al igual que todos los países visitados desde EEUU, era prohibitivo.
Al primer intento, Svend, ciclista de tomo y lomo, me ofreció su ayuda. Me ofreció su hogar a pocos metros de donde estaba, además de ayudarme con el mantenimiento de la bicicleta (que bastante maltratada quedó luego de Islandia), comida, medicina y una bufanda de regalo para mi incipiente resfrío producto de una mala noche anterior.
Ahí me replantié si quizás fui demasiado tajante al tomar la decisión de abandonar el país.

El amarillo de Dinamarca, ese amarillo que cubre todos sus paisajes y que me acompañó durante el breve pedaleo por acá.

Suecia 


Debo confesar que la decisión de abandonar rápidamente Dinamarca fue un poco influenciada por un nuevo Magnus, no el danés, sino uno de los pocos suecos que conocía. Algo así como familiar político en segundo grado, esposo de mi tía chilena Fernanda. Más allá del parentesco, hicimos buenas migas de inmediato cuando me contó de sus expediciones pasadas. Aventurero como yo, se ofreció a ayudarme a conseguir alojamiento, darme consejos de la ruta a tomar en Suecia y claro, invitarme a su ciudad a quedarme junto a su familia unos días, la ciudad de Falún.
La ruta para atravesar Suecia fue, partiendo de Gotemburgo (al oeste), haciendo una parada en Falún, para rematar con 3 largos de pedaleo en Estocolmo al este, su capital, donde me quedaría un par de días para empalmar hacia Finlandia.

Ya al llegar, lo primero que impresiona de Gotemburgo, y de Suecia en general, es la arquitectura de sus ciudades. Esas terminaciones, colores anaranjado en sus techos y contraste de colores en todas sus construcciones.
Me quedé con David, primo de Magnus, y su esposa. Me atendieron como ya de costumbre, excelente. Comida de bienvenida, conversación como suelo hacer cuando llego a un país, de sus costumbres, lo básico del idioma, para comenzar al día siguiente mi ruta hacia Falún.




Gotemburgo
Mientras pedaleaba rumbo hacia Falún, me metí por los famosos bosques del país, durmiendo como un oso bajo los árboles, pasando por decenas de localidades rurales con suecos que me sonreían al paso, me ayudaban con la ruta, o bien me ofrecían desde agua, hasta alojamiento y comida como en Uddevalla, donde me recibieron Eleonore y Mikael.
Acá, la barrera idiomática no existió, ni siquiera en los lugares más apartados del país. La gente, incluso de áreas rurales, se maneja con un inglés por lo menos "medio", y lo mismo se repitió en absolutamente todos los países nórdicos. desde Islandia hasta Finlandia.
El pedaleo en esos días me recordó lo vivido unos meses atrás a mi paso por el sur de Estados Unidos, pero con mucho más verde, menos gente, más caminos de tierra, más frío...en suma, más aventura!






Pedaleo por los bosques de Suecia.
Tal y como lo esperaba, pedaleo duro, pero paisajes impagables.
Hasta que luego de seis matadores días de pedaleo, llegué a Falún. Cinco días de acampada exclusiva, sin una ducha, muerto de frío y con cada una de las pocas piezas de ropa que traigo mojada. Abracé a Magnus como si fuera mi amigo más íntimo ¡Como venía necesitando refugio ya!
Mientras descansaba, Magnus me avisa que me querían entrevistar para la televisión Sueca. Ni idea de como se habrán enterado, creo que ni siquiera él sabe bien como, ¡pero yo feliz! Si una de los objetivos de esto es difundir esta hermosa forma de viajar.



Fernanda me llevó a recorrer la ciudad y me comentó sobre su vida acá, radicada hace varios años y con esposo e hijos suecos, difícilmente ve volver a Chile.
Todas esas comparaciones odiosas y masoquistas que hacemos en Chile con países como Suecia, Noruega o Finlandia, y que nos hacen sentirnos (más) tercermundistas, lamentablemente son demasiado ciertas.
Partiendo de la base que tengo tanto de socialismo como carne tiene mi bicicleta, parece de mentira ver con ojos propios las maravillas de este estado de bienestar.
Magnus es médico, y me comentaba que si bien existen diferencias de sueldo, por ejemplo con la arsenalera, tal diferencia no era más allá de la mitad de su sueldo. Es chocante oír de primera fuente eso, parece inimaginable que una arsenalera gane la mitad de un médico en mi país con todo lo que ello implica, hijos compartiendo colegio, barrios, etc.
Las diferencias son tantas, los monopolios que tiene el estado sobre las botillerías, el libre acceso a las bibliotecas (y que la gente las use!), el acceso a la naturaleza, porque todo el país parece enclavado en un bosque gigante, de ahí que sean tan buenos en esta parte del mundo para los deportes outdoor. La salud y la educación de primerísimo nivel. Incluso en el mercado inmobiliario el estado interviene al generar en proyectos inmobiliarios de privados, disponibilidad para aquellos que no pueden comprar directamente las propiedades y arrendarlas, de modo de no crear ghettos en las ciudades. Me comentaba Fernanda por ejemplo de la corrupción en Suecia, donde hubo un caso donde la secretaria de una representación política paso por gastos de la comuna, una especie de junta. ESE es su nivel de corrupción, que a nosotros nos parecería irrisorio, años luz de los "espectáculos" que nos brinda nuestra clase política y para que decir de los pesos pesados de la corrupción política en latinoamérica como Brasil o México.

Falún
Despedida de Magnus y Fernanda, para comenzar la suave ruta hacia Estocolmo. Más allá del percance donde bobamente olvidé las varillas de mi carpa donde Magnus  y Fernanda (quienes me las hicieron llegar en tiempo récord a Estocolmo, eternamente agradecidos) y tener que dormir usando árboles como punto fijo, la ruta fue más de bosques, campo y por fin, sol!



Y así, el viernes 19 de mayo de 2017, y luego de 10 días de pedaleo, alcancé la capital Sueca. Estocolmo a la vista.
Como ya ha sido una tónica en el viaje, llegué a la ciudad ya con contactos y durante un fin de semana, para sacarle el mayor provecho posible. Luego del reportaje que me hicieron y a través de Jerónimo, un amigo en común, me puse en contacto con Martín, un chileno estudiando en Suecia.
Martín y Katerin, su novia, fueron mis anfitriones en la ciudad, quienes además de recibirme, me invitaron a salir, recomendarme lugares de la ciudad, en el fondo, hacer todo lo posible para descubrirla.






Vistas de Estocolmo
Como capital de uno de los países desarrollados del mundo, no era económica obviamente, pero fue menos cara de lo que pensé que podía ser. Allá bromean incluso que al lado de Noruega (un país caro dentro de los caros), la vida no es tan cara.
Un punto imperdible es el Museo Nórdico donde se puede entender un poco más las relaciones históricas entre estos países, qué fue lo que ha pasado para llegar a esta "fraternidad" de países nórdicos además de ver cómo era la vida hace cientos de años acá.
Como todas las capitales nórdicas, son ciudades hermosas, únicas, pero que me parecen solo para visitar. No sé si será la relación con la gente, lo caro, pero en general no viviría ni pasaría más de un par de semanas en estas bellísimas ciudades.
Luego de un fin de semana entero, partí el lunes a Finlandia despidiéndome de Martín y Katerina.


Uno de los amaneceres más lindos que he visto en mi vida. 4am, luego de la fiesta en Estocolmo, todos a la playa

La Real Academia de la Música de Estocolmo, lugar donde se entregan los premios Nobel (salvo el la paz, que es en Noruega).


Finlandia 



Luego de Estocolmo, llegó Turku, y el primer día en Finlandia, país que atravesaría por la ruta sur, partiendo por esta ciudad, pasando por Helsinki, hasta llegar a Rusia.

Días antes de llegar a la ciudad había contactado a Jukka Salminen, mediante una de las redes sociales que más ocupo: Warmshowers. Lo uso tanto como para conocer ciclistas y viajeros de todo el mundo como para conseguir alojamiento, en particular en esta parte del mundo donde los precios eran impagables.


Turku, Finlandia

Jukka es un finlandés que dio la vuelta en bicicleta, proyecto que terminó hace un par de años y publicó al respecto un libro. Qué mejor que empezar mis primeros minutos en el país de los saunas conversando con un personaje tan interesante como él.
Mientras conversábamos de mil anécdotas de viaje y "leía" su libro escrito en idioma finés (más bien, contemplaba sus fotos), llegamos a la conclusión que muchas veces, más de las que yo tenía contempladas inicialmente, es necesario un break en el viaje, una larga parada donde uno se reencante con la bicicleta. Sin ir más lejos, Jukka demoró algo así como 9 años en completar todo su viaje. En ese momento terminé de caer en cuenta de que, desde México, mi última gran parada, habían sido meses y meses viajando, sin tener tiempo casi de "digerir" cada una de las decenas de anécdotas, gente, países...necesitaba aterrizar todo lo vivido, no solo descansar físicamente (que por lo demás, también lo necesitaba). Me ofreció quedarme un día más, lo cual acepté con gustó. Ahí terminé de decidir hacer una parada larga en Rusia, considerando no podía permitirme varias semanas en Finlandia por sus precios, a diferencia de lo accesible que era Rusia en cuanto a alojamiento por ejemplo.
Dos días luego de mi llegada, empecé el pedaleo hacia el país más extenso del mundo, con bastante asiedad de llegar, pero al mismo tiempo, aprovechando el aquí y ahora, tenía que descubrir Finlandia antes.



En Helsinki me esperaba Lauri, finlandés que junto a Mirva, su pareja, ya habían también dado la vuelta al mundo entre bicicletas, haciendo dedo, trenes, etc.
Lo único que sabía además del país, además de su sistema educacional tan famoso, son sus saunas.
Kilómetros antes de llegar a Helsinki, Lauri estaba con un amigo austríaco que estaba haciendo unas remodelaciones a su casa. Obviamente me quedé a ayudar, así además lo conocí a él y me enteraba un poco tanto de Finlandia como de Austria.
-¿Cuál es el tema acá con los saunas, Lauri? - Le pregunté
-Acá es casi una religión, cada dos casas hay un sauna. Hay incluso oficinas que tienen para sus empleados.
-....
-En serio. Más tarde vamos a la casa del campo para pasar el día de trabajo. Te vas a sentir como nuevo.
-¿Hay que entrar desnudo, no?
-Así es.
Odio un poco es frase del "no se ha visitado X país, sino se ha comido/hecho/visitado...", pero OK, haré una excepción, y es un DEBER visitar uno de los miles de saunas en el país, tan característicos de la cultura finlandesa.
Y claro, ahí entendí cuál era la gracia y porqué era tan popular. Si bien al principio para alguien nuevo puede ser algo incómodo, tanto por el hecho de tener que estar desnudo enfrente a otra gente como por lo sofocante del calor, en verdad se siente como volver a nacer. Si ese efecto logró durante el verano, época en la cual estuve en Finlandia, entiendo lo increíble que debe ser en invierno, de ahí la obsesión por esto. Me sentía como bajo el efecto de alguna droga, no podía dejar de sonreír. Y claro, luego del sauna, chapuzón en el lago, uno de los miles y miles que tiene este país, para volver a repetir el proceso.

Al llegar a Helsinki fue lo mismo, solo que ahora en un sauna público. Soy bastante abierto de mente, por lo que jamás fue problema, pero según conversábamos con Lauri, existe mucha gente de lugares donde el choque cultural es tan grande, que no se puede manejar la incomodidad. Porque en este lugar éramos entre 10 y 16 personas, hombres y mujeres, todo en un espacio de..¿8 metros cuadrados? con suerte. Pero es algo tan normal, que para nadie parece raro. Acá, en vez de tomar una chapuzón en el lago, lo hicimos en el mar báltico, ese que baña las costas del país.
Atardecer en el báltico luego de un merecido sauna con amigos finlandeses.
Ya antes, junto a Mirva, habíamos realizado una excursión por la capital, conociendo los lugares más importantes. Es una capital pequeña, tal y como me la imaginaba. La encontré algo aburrida a decir verdad, pero sería apresurado emitir un juicio tan rápido considerando el poco tiempo que estuve.



Vistas de Helsinki, capital de Finlandia.
La frontera con Rusia estaba a casi 200 kilómetros, dos días eran más que suficientes para alcanzarla.
Al llegar al control migratorio, una frontera relativamente "bien resguardada" (por no decir, algo tensa considerando el historial de guerras entre Rusia y Finlandia) y donde varios metros hacia el lado finlandés es considerado territorio militar, el guardia me mira y empieza a inspeccionar mi pasaporte.


Era un domingo a eso de las 7 de la tarde, y era el único ser bípedo en cruzar la frontera en ese momento. Según mi experiencia, cuando no hay nadie en la frontera el proceso es más tedioso y si a un agente de inmigración no le caes en gracia, puede incluso buscar los argumentos para no dejarte pasar.
Luego de minutos ojeando mi pasaporte, me pregunta:
-¿De dónde es este visado? - Apuntando a una de los tantos sellos de mi pasaporte
-De Camboya señor.
-¿Y esta estampa?
-Mmm, creo que es Colombia, pero con el agua se ve algo corrida. Me pilló una tormenta en centroamérica y...
-Mis felicitaciones! Estás dando la vuelta al mundo?
-Así es, sobre Libertad, mi bicicleta.
-Mucha suerte en todo. Espero te hayan tratado bien por acá.
-Sí que lo hicieron. Muchas gracias.
Sonrisa mutua, apretón de manos y estampa de salida. Se acabó Finlandia para ingresar a Rusia.
Esa misma amabilidad de salida, fue exactamente lo contrario a lo que me tocó en la aduana en Rusia, pero bueno, esa es historia para el próximo país.
Hasta pronto Finlandia. Buen día Rusia!